Publicado el 08/06/2018 - 07:17 Hs.

La carta más viajera

La epístola robada de Colón sobre el descubrimiento apareció en Brasil

De todas las cartas que contaron el descubrimiento del Nuevo Mundo, la que difundió la noticia a escala mundial fue la redactada por el propio Cristóbal Colón en su travesía de vuelta de las Indias en 1493 a bordo de La Niña. La carabela arribó a puerto en Lisboa en marzo de ese año y el almirante dio orden de imprimir la misiva a sus patrocinadores, los Reyes Católicos, primero en Barcelona y después en Roma, desde donde la buena viajó rápidamente a toda Europa. Una de esas 16 copias fue adquirida en 1918 por la Biblioteca de Catalunya (BC), pero hace 13 años que desapareció de sus fondos al mismo tiempo que otros ejemplares de la carta se esfumaban misteriosamente de otras bibliotecas europeas. El robo no se había hecho público.

Tras cruzar el Atlántico en varias ocasiones, reapareció en Brasil, y gracias a una investigación iniciada por la justicia estadounidense en el 2011, cuando la institución ni siquiera era consciente del robo –en realidad, un cambiazo–, la epístola volverá pronto a Barcelona. El Gobierno estadounidense la restituyó anteayer en Washington al embajador de España, Pedro Morenés. “Vamos a guardarla a buen recaudo” hasta su traslado, dijo en la ceremonia de repatriación.

La clave para resolver el caso fueron las fotos digitales del documento original tomadas en Barcelona en el 2004

El fiscal federal Jamie McCall, responsable de la investigación, ofreció ayer más detalles de la peripecia de la carta, adelantada anteayer por este diario. En septiembre del 2011, el agente especial Mark Olexa, la estrella de esta historia, recibió un chivatazo en Delaware de que varias cartas de Colón habían sido robadas en bibliotecas de Europa y sustituidas por falsificaciones que no habían sido detectadas. En junio del 2012, Olexa viajó a Barcelona con dos especialistas en libros antiguos que comprobaron que el documento guardado por la BC era falso. Ni el papel, ni los márgenes ni la marca de agua se correspondían con el incunable original que, providencialmente, la Biblioteca había fotografiado digitalmente en el 2004. Ese documento que fue clave para determinar que les habían dado el cambiazo.

La investigación del Departamento de Seguridad Interior de EE.UU. les llevó hasta un experto en libros antiguos de Princeton, que dijo haber examinado la carta para su autentificación en noviembre del 2005. Su primer comprador pagó 600.000 euros por ella. En el 2008, la carta apareció en el catálogo de un anticuario de París. Y poco después, en diciembre del 2009, el mismo experto volvió a ser requerido para verificar su autenticidad por un nuevo comprador, que había pagado el equivalente a un millón de dólares por ella. En el 2011, la epístola reapareció en una feria de libros antiguos de San Francisco.

Los investigadores llegaron finalmente a su último comprador, un millonario natural de Brasil, que “abandonó finalmente sus derechos sobre la carta entendiendo que pertenecía a la Biblioteca de Catalunya”, explicó McCall. Para ello, fue necesario que esta persona, que la compró sin saber de su procedencia ilícita, accediera a que la carta volviera a Estados Unidos para ser examinada por el experto de Princeton. Los ladrones habían usado lejía para eliminar el sello original de la biblioteca catalana pero gracias a las fotos del 2004, enseguida se vio que era la misma copia.

La investigación permitió devolver en el 2016 otra copia robada de Florencia. La tercera de cuya desaparición se tiene noticia será entregada al Vaticano. ¿Quién está detrás de los robos? La Justicia estadounidense no quiere dar muchas pistas pero se sabe que los primeros vendedores fueron unos comerciantes italianos con conexiones internacionales. “Está claro que había un trabajo criminal sofisticado” detrás de todos estos robos, afirma McCall. El misterio continúa.

Fuente:lavanguardia.es

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