Publicado el 30/11/2018 - 07:00 Hs.

La locura y el rock

El rock no es superficial música de fondo de la diversión y la alegría. Refleja, más bien, los temas más profundos de la existencia

Caracterizada por el desinterés, el desánimo y el displacer, y las sensaciones de culpa y minusvalía, la depresión es una de las afecciones psicológicas más conocidas desde la antigüedad de la historia humana, reclamando la atención del arte en los orígenes de la cultura. 

En el inicio de “Demian”, Hermann Hesseanticipaba: “Mi historia no es agradable, ni es dulce ni armoniosa, pues no es una historia inventada. Tiene un sabor a insensatez, a locura, a confusión y sueño, como la vida de todos los hombres que ya no quieren mentirse a ellos mismos”. Es que de esos ingredientes, en realidad, se componen nuestras existencias.

Con “Historia de la locura en la época clásica”, Michel Foucaultafirmaba que en dicho período “…indigencia, pereza, vicios y locura se mezclaban en una misma culpabilidad en el interior de la sinrazón; los locos estaban tomados en el gran confinamiento de la miseria y el desempleo, pero todos habían sido promovidos a la vecindad de la falta, hasta la esencia de la caída”.

En “De la estupidez a la locura”, libro póstumo del incomparable Umberto Eco, se anunciaba que estaremos dispuestos a todo con tal de que alguien nos mire y hable de nosotros. Tal el confuso y sutil límite entre estar loco o ser un estúpido.

Dice el poeta que “…Melancolía es la tristeza permanente del alma, que no olvida”. Noches de insomnio y tendencias autodestructivas, justo en esos momentos en los que cualquier mirada hacia el interior lo que muestra es vacío, soledad y angustia, y esos caminos alternativos que van en la dirección más alejada de la realidad, para sumirse en ese abismo que insensibilice, quizás con la idea o necesidad de sufrir menos. O de desaparecer. Como el Mr. Floyd que concibiera Roger Watersen esa obra abierta de múltiples lecturasllamada “The Wall”, inspirado en su desconsolada infancia, ensamblando paranoias y obsesiones en el marco de la historia de una estrella de rock, quien en plena gira entra en profunda crisis, perdiendo el control, destruyendo su hogar, padeciendo visiones apocalípticas, y empecinándose en construir un muro que lo aísle de la realidad, edificando la propia y retornando permanentemente a esa recurrente e inmodificable fijación infantil. Y en el medio de su gira, depresivo, descontrolado y autodestructivo, buscará encerrarse definitivamente tras un muro que lo aísle de la realidad, en su propia psicosis. Pero juzgado ante un impiadoso tribunal, será condenado al peor de los castigos: a quedar expuesto frente a todos, desmoronando esa pared que parecía protegerlo. Con maestría filosófica y sensibilidad artística, en “Confortably numb”, Waters describe el brote psicótico de Floyd, quien tras ser drogado en el afán de cumplir con el compromiso comercial, cuenta: “No hay dolor, está disminuyendo. Tus labios se mueven, pero no puedo oír lo que dices… El sueño se ha esfumado. Y yo me he quedado confortablemente paralizado”.

Algunos se empeñan en insistir en que el rock es la música de fondo para celebraciones y fiestas. Alejado y frívolo abordaje de la esencia de este particular universo cultural que es el rock, en el que la existencia, su tema principal, siempre está en los márgenes del camino que la sociedad y el poder esperan que recorramos. Mundo en el que la rebeldía es tan políticamente incorrecta que los que participan del mismo son percibidos como aquellos anormales incapaces de adaptarse al sistema. Como aquel “Loco en la colina” de The Beatles, que miraba todo desde otro lugar. Aunque también la mismísima insanía se enseñoreó en algunos íconos del rock, alienándolos. Para darlos por perdidos para siempre. Sid Barret, de Pink Floyd, fue uno de ellos, pero no el único. No por nada grabaron “Shine on you Crazy Diamond”.

En “La balsa”, primer gran himno del rock nacional, Litto Nebbia, con Los Gatos, ya planteaba, como única salida, partir hacia la locura, con la intención de naufragar. Ricardo Soulé, líder ideológico de Vox Dei, en “Por aquí se te echó de menos”, relata la desaparición temporal de un querido amigo. Ese que acostumbraba a comportarse distinto. A ser diferente. El dúo Pastoral, con su clásico “En el hospicio”, cuenta las tribulaciones de un interno: “Me hace mal la realidad de saber que el perro es perro y nada más”. 

Charly García, en momentos de su primigenio dúo con Mestre, escribía y acertaba con “La mediocridad para algunos es normal. La locura es poder ver más allá”. Y mientras encabezaba Serú Girán, ya sabía qué recomendable era “Salir de la melancolía”. El mismo García, como solista, entre tanta paranoia, odio y depresión. Entre tanto aislamiento e individualismo. Entre tanta soledad que lo vuelve cada vez un poco más psicótico. Y alguien que dice: “Yo no quiero volverme tan loco”. Su ex compañero en Sui Generis, Nito Mestre, en “Oh, vieja tristeza”, revela que la misma hace tanto tiempo puja por salir de su cuarto. 

Fito Páez, en “Te adoro desesperación”, se expone: “Sólo adicto al miedo, y sin decir adiós, me fui desde alguna ciudad, con el estómago revuelto de pastillas, de casa y del mundo real.” Y todo, después de haber grabado la antológica “Polaroid de locura ordinaria”. Y esa frase de Andrés Calamaro, fuera de foco tan sólo por la angustia de descubrir la precariedad del plazo existencial: “Yo soy un loco que se dio cuenta que el tiempo es muy poco…”, y reconociendo: “cuando no estás, la soledad me aconseja mal”. Y la Bersuit, aguardando a alguien, “Por la noche la soledad desespera”, rogando entrar en los confines más oscuros. 

“Poco a poco, fuimos volviéndonos locos”, cantaban los Babasónicosen “Irresponsables” para expresar su éxtasis vincular. Con más vuelo poético y musical, pero en la misma línea temática, que la infaltable e inolvidable “Crazy” de Aerosmith.

Para mencionar, del rock nacional: “Adónde está la libertad” (Pappo), “Loco. Tu forma de ser” (Decadentes), “Los locos y los niños” (Silvina Garré) “Lo frágil de la locura” (La Renga), “Pensamientos” (La Beriso), “Loco un poco” (Turf) y “Tu locura” (Gustavo Cerati). Y los Virus, con todo un disco llamado “Locura”. Y hasta Vox Dei, con “Loco, hacela callar”, explicando “No pensés que lo que digo es cierto si no lo crees”.

Ricardo Iorio, en“Imágenes fugaces” describe una de esas noches:“Qué loco, pintó en mi ventana un rayo de sol. La oscura noche de repente, ya se destiñó. Son las ocho y no pude dormir. Ya se fueron todos, y yo sigo aquí…” Y Los Tipitos, con “Campanas en la noche”, se inspiran en los delirios de Edgar Allan Poepara decir “Sonidos que inducen temor, y también melancolía de esperar”.

El vasco Fito Cabrales, junto a los Fitipaldis, graba “Pájaros disecados”, para decir: “Yo no sabía lo que sucedía. Me sentía triste y agobiado, tan deprimido que tenía la cabeza llena de pájaros disecados”.El otro gran pensador vigente del ideario filosófico rockero español actual, Robe Iniesta, líder vox de Extremoduro, confiesa: “Sufro locura transitoria. Bajo a la Tierra y cruzo la línea divisoria que separa en esta historia la locura y la razón”. Y también cantaba: “Puede ser que la razón me abandonó, y ya no la espero”, cantaba Robe Iniesta. Y Enrique Bunburydecía lo suyo en “Fuente Esperanza”. Y los de Tequilareconocían: “Me vuelvo loco”, describiendo: “Se pasan las horas, tirado en la cama la vida pasar”.

De estos temas también se ocupa el Rock. Quizás porque como afirmaba el genial pensador y psiquiatra Enrique Pichón Riviere, sólo el arte puede salvarnos de la tristeza y la locura.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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