La Religión y el rock

Cada vez que se aproxima Semana Santa, surgen las reflexiones acerca de Dios. También en el rock.

El rock nació confrontando contra lo establecido, esas instituciones tradicionalistas que pretendían controlar la libre creatividad de los jóvenes más rebeldes a través de intolerables cánones moralistas. Una de esas instituciones era la Iglesia en particular, y el fenómeno religioso en general, siempre generador de culpas. Sin embargo, el rock, originado en ritmos como el góspel (todavía cantado por los negros en las iglesias estadounidenses) y el blues, tuvo a Elvis Presley vinculado al cristianismo fundamentalista sureño. A Jerry Lee Lewis formando parte de la evangélica Asamblea de Dios. Y a Eric Clapton, componiendo “Presencia del Señor”.

Toda obra filosófica tiene entre sus grandes temas a la religión, sea para fundamentarla o contraponerla, para interpretar sus misterios o descalificar sus intuiciones, con aquellos exponentes auténticos del rock, que aluden en sus letras a la problemática religiosa, incluyendo ocasionales referencias a textos bíblicos. Justo cuando internacionalmente, la Iglesia como institución y el rock como cultura, se reconciliaban (con Juan Pablo II, conservador que terminaría escuchando complacido en el Congreso Eucarístico de Boloña de 1997 a Bob Dylan, quien alternaba entre el judaísmo, el budismo y el cristianismo), sobrevendría luego el papado de Joseph Ratzinger dando por tierra con ese acercamiento, al calificar al rock como modelo de perdición para los cristianos. Por afuera de esos devaneos, el rock se mueve independiente, forjando sus propios conceptos sobre su vínculo con la religión, sea de proximidad o de pronunciadas distancias. Desde la más elaborada trascendencia, o la más llana inmanencia.

Decía Juan, comenzando su evangelio: “En el principio fue el verbo; y el verbo era Dios”. Y la compleja relación, o contraposición, entre razón y fe nunca fue ajena al filósofo. Esa vinculación con lo absoluto ha sido motivo de especulación permanente, y no es contradictorio para un rocker meditar en tal sentido, si su pensamiento es profundo, aún desde el agnosticismo. Y esa manera de religarse con lo sagrado ha quedado testimoniada en diversas letras de rock. En los albores del nuestro, Luis Spinetta, en Almendra, con “Hoy todo el hielo en la ciudad” ya mostraba su misticismo, que se intensificaría más tarde en “Post crucifixión”, pintando un cuadro musical próximo a La Pietá de Miguel Ángel. En “Dios de adolescencia” afirma que ese es el período más intenso de las creencias. Y con “Rezo por vos”, junto a Charly García, reafirmaría su visión piadosa.

Ricardo Soulé, que elaboró una obra rockera completa que bien podría titularse Elementos de Filosofía Cristiana, en 1971, desde Vox Dei enunciaba su visión en “La Biblia”, iniciada con un preciso silogismo: “Cuando todo era nada, era nada el principio. Él era el principio y de la noche hizo luz”. Un año después, Raúl Porchetto, con su permanente sesgo religioso, debuta editando “Cristo rock”, disco conceptual estructurado a partir de vivencias sobre la contradicción entre la imagen del Cristo institucional y su vida real: “Creen que no soy más que un templo repleto de todo menos de amor”. Y preguntándose “¿Por qué hay burocracia para amarte?”

Contemporáneamente, John Lennon, recientemente desvinculado del grupo que lo hiciera decir, escandalosamente, que The Beatles eran “más populares que Jesucristo”, en su segunda de tres etapas, con una visión desesperanzada y escéptica, relativista y subjetiva, con un tono de desencanto y frustración, ensayaba: “Dios es un concepto por el que medimos nuestro dolor. No creo …en la Biblia, en Hitler, en Jesús, en Buda, en Elvis, ni en los Beatles. Sólo creo en mí. En Yoko y en mí”. Bono Vox, desde la católica banda irlandesa U2, canta, en “In God's country”: “aunque necesitemos nuevos sueños esta noche, no podemos olvidar que estamos en la tierra de Dios”. También en “40”, del álbum "War", que se basa en el Salmo N° 40, y en la tapa de “All That you can Leave Behind” figura “J 33:3”, referido al versículo 3 del capítulo 33 de Jeremías.

Con Sui Generis, banda iniciática y adolescente de los ’70, Charly García se interrogaba: “¿Dónde está Dios? ¡Dime quién me lo robó!” Un año después impondría una visión ácida e inmanente: “Dios es empleado en un mostrador. Da para recibir. ¿Quién me dará un crédito, mi Señor? Sólo sé sonreír”. Promediando la década siguiente, García ya sabía que la única religión que nos puede redimir es el amor. Y decía: “Él es parte de la religión. Él siente culpa, él vive torturado. Es parte de la religión... ¡mentir!” Y los de Ella Es Tan Cargosa cantaban: “Alguien te dirá ‘que hay otra vida’. Yo, que vos, mejor me aferraría (y sin dudar) a los huesos que hoy habitás. Andá a encontrar, cuando no haya mundo, a Dios, a Buda o a Jehová”.Gustavo Cerati, con “En el séptimo día”, reconoce que sólo Él sabe en qué consiste. Pedro Aznar, en “Los chicos de la calle” habla de un Dios encarnado que sufre con el prójimo: “pobre Dios en carne viva y sin altar”. Más panteísta, Pity Álvarez dice: “Está saliendo el sol, que es sin duda mi Dios”. Con descarnado misticismo, “En el baldío”, de La Renga, Chizzo cuenta: “Es el ángel que te cuida, que se está muriendo acá…”

Como contrapartida a cualquier inspiración piadosa serían los Rolling Stones los primeros en marcar un rumbo inquietante. En el '68 graban “Simpathy for the devil”. “Simpathy” es “compasión”. “He robado el alma y la fe de muchos hombres. Y estaba por ahí cuando Jesuscristo tuvo su momento de duda y dolor…” En El Tri, el grupo mejicano de Alex Lora, devoto de la Virgen de Guadalupe, las menciones son frecuentes y explícitas, desde un marco fuertemente transgresor. Los Beach Boys con “Sólo Dios sabe”, Smashing Pumpkins con “Si allí está un Dios”, Depeche Mode con “Jesús personal”, y Morrisey con “He perdonado a Jesús”, entre otros, se alejan del Nietzsche de “Dios ha muerto”, aunque en Black Sabbath justamente se lo preguntaran.

Por estos días la Cristiandad tiene mucho para recordar y celebrar, evocando sus orígenes e historia milenaria. En el rock, la problemática religiosa es una inquietud filosófica permanente que ha considerado, por numerosos motivos, al Cristianismo como revolucionario. Tantas veces incomprendido y perseguido. Sí, como el rock mismo.

Escrito por: Ernesto Edwards
Publicado el 2018-03-17 20:27 Hs,

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