Las mujeres y el Rock

Por una patriarcal tradición cultural, el rock sigue relegando a la mujer como sujeto productor de sentido, sólo tolerando su aparición por excepción en un hostil mundo machista.

El universo cultural del rock está a punto de cumplir 65 años. A través de estas décadas, fue mutando intereses, entronizando y destruyendo creadores e intérpretes, tolerando subgéneros, y siendo asociado a diversos clisés que parecen conservar vigencia. Pioneros como Chuck Berry en autoría y Elvis Presley como “el Rey” sobre el escenario provocaron en los Estados Unidos una masividad y una explosión comercial incontenibles, y eso mismo constituyó el inicio de su temprano descrédito, condenado como fue con la sentencia de "absorbido por el sistema".

Debió entonces cruzar el Atlántico, hasta algunas ciudades portuarias de Europa, recuperar el viejo blues y dejar de definirse en estrictos términos de compases musicales, para transformarse en un concepto contracultural, de confrontación y denuncia social, que canalizaba la rebeldía generacional de la paradigmática década del ‘60, que pudo diferenciar por primera vez entre el rock y el pop.

Si algo distingue contundentemente al movimiento rockero de los demás ritmos musicales es su contenido ideológico, y características fundamentales siempre presentes, tales como: mensaje, compromiso y militancia. Y su identificación antidiscriminatoria. Pero todo tiene sus contradicciones.

El 8 de marzo, “Día internacional de la mujer”, hace pensar en John Lennon, con “Woman is a nigger of the world”, cuando reconocía: “Si ella no es nuestra esclava, decimos que no nos ama. Si ella es auténtica, decimos que está tratando de ser un hombre. Y mientras la soltamos, pretendemos que esté sobre nosotros”.

A pesar de tanto ostracismo del género femenino en el rock, sin embargo, la historia revela que mujeres de distintas épocas, procedencias e inclinaciones, transgrediendo reglas no escritas, coincidieron en destacarse en este exclusivo y generalmente excluyente escenario. A continuación, breve caracterización de cuatro de las más conocidas y emblemáticas a nivel internacional, en un listado siempre subjetivo e incompleto de aquellas que dejaron huellas:
* Joan Baez, iniciada académicamente en Cambridge, desde el folk, y al principio compartiendo la vida y el inconformismo con Bob Dylan (a quien descubre), desarrolla una carrera cuya filosofía pacifista será un manual de la coherencia a lo largo de todo el progreso de su pensamiento, apoyada en una privilegiada voz que seduce y conmueve.
* Janis Joplin, cultora del mejor blues sesentista, formó parte de los rockers desaparecidos a los 27 años, la edad fatídica del rock. Janis, mujer blanca y marginal, auténtica y enérgica, expresiva hasta el extremo, señaló un camino inolvidable.
* Nina Hagen, cantante alemana punk, exhibió, desde Europa, una personalidad avasallante, plena de lenguaje crudo y una presencia escénica demoledora, como queriendo decir "aquí estamos", aun convencida del “no future” que la inspiraba, en el marco de intencionales escándalos y ocasional misticismo.

*Sheryl Crow, abriéndose paso en el mundo rockero como corista para los hombres, y habiendo recorrido su propio camino como docente enseñando música para chicos con necesidades especiales, a fuerza de insistencia hoy puede expresarse, ya sin obstáculos.

Patti Smith, Pat Benatar, Alanis Morissette y unas cuantas más siguen confirmando desde la excepción. El panorama en la Argentina no difiere demasiado del plano internacional. Al punto que han quedado injustamente relegadas a catálogo de cabotaje. Nuestro país nunca fue muy generoso a la hora de darles su lugar. Gabriela, la Yorio, Celeste Carballo, Patricia Sosa, Fabiana Cantilo, Hilda Lizarazu y otras pocas más.

Tal vez como una manera de expurgar sus culpas en tiempos iniciáticos del rock, algunos se permitieron grabar inolvidables canciones con nombre de mujer. The Beatles, en su época de plena ingenuidad, cantaban, en “Michelle”, esta bella cancioncita de amor: “Te amo, es todo lo que te puedo decir…” Y ese paradigma de la rebeldía de los jóvenes ’60, los Rolling Stones, también tuvieron su incomparable canción de amor: “Angie: ¿Cuándo desaparecerán  aquellas nubes?” Y ese dios viviente de la guitarra, Eric Clapton, perdidamente enamorado de un amor imposible, de la novia de su mejor amigo, escribe la inmortal “Layla”: “Has estado corriendo y escondiéndote de mí durante mucho tiempo… Sabés que me tenés a tu pies…”

Aunque la mujer siempre tuvo en el rock un lugar de preferencia como temática, en ocasiones como musa de los mejores pensamientos, y otras como un mero objeto sexual a poseer, no es lo que se busca subrayar. Se trata de mostrar que el rock (el masculino, si lo hay) con las mujeres, hace lo mismo que critica.

John Lennon, en su etapa final como solista, la más comprometida y filosófica, lo tuvo como autor de logradas canciones en las que expuso su marcada postura feminista, afirmando, en "Woman": "Mujer, sé que comprendes al pequeño niño que hay dentro de cada hombre...” ¿Por qué les costará tanto a los hombres comprender (y aceptar) el lugar que en justicia les corresponde a las mujeres?

Como epílogo, uno nuestro, Andrés Calamaro, visionario, en el siglo pasado pensó: "Soy grande, pero tengo algo que aprender: es el Día Mundial de la Mujer".

Recordando los trágicos sucesos que motivaron la instauración de esta fecha, cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no parece apropiado desear “Feliz día” ni considerarlo jornada festiva, pero sí de respeto y permanente evocación. En torno a ello, el mundo evolucionó. Pero no lo suficiente. Las mujeres, a pesar de los hombres, siguen avanzando. Las cuestiones de género ya son un debate instalado. La tipificación de los femicidios, una realidad. Ya nadie (o casi) naturaliza ni tolera los acosos ni los excesos. Era hora. Pero no alcanza. Las mujeres van por más. Y es justo.

Escrito por: Ernesto Edwards
Publicado el 2018-03-08 11:25 Hs,

Comentarios

Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de sus autores.
Norte Bonaerense se reserva el derecho de administrarlos.