Publicado el 10/09/2019 - 14:00 Hs.

Calais-Dover: 12.000 kilómetros

Francia se prepara para las graves consecuencias de un Brexit duro

Desde de las playas de Calais, si lo permite la bruma en el canal de la Mancha, se atisban los célebres acantilados blancos de Dover. Sólo 33 kilómetros separan las dos orillas. Pero dentro de pocos días, el 17 y el 24 de septiembre, esa distancia pasará a ser, a efectos aduaneros, de más de 12.000 kilómetros. Las autoridades francesas realizarán unos ensayos bajo las condiciones de un Brexit duro. Lo harán en el Eurotúnel y en los puertos de Calais y Dunkerque. “Será como si el Reino Unido fuera Sudáfrica”, anunció el ministro de Acción y Cuentas Públicas, Gérald Darmanin. Se tratará al país vecino como a un estado tercero, sin acuerdo comercial con la Unión Europea.

En Francia todo se prepara para la eventualidad de un divorcio a la brava entre Londres y el resto de socios. Los responsables políticos, desde el presidenteEmmanuel Macron a su Gobierno y los líderes locales en las áreas más afectadas, lo repiten desde hace semanas. El pulso entre el Parlamento de Westminster y el Ejecutivo de Boris Johnson les provoca mucho recelo y malos augurios. No se fían.

“Hay que hacerse a la idea de que será un Brexit duro –señala a La Vanguardia Mireille Hingrez-Céréda, vicepresidenta del departamento del Paso de Calais y al frente del comité especial que se ocupa del Brexit-. Imaginamos lo peor. Si después no es así, tanto mejor, pero de entrada todo apunta al peor escenario”.

La clave para mitigar en lo posible el previsto caos en Calais y en otros puertos que comunican con Gran Bretaña es lo que los franceses denominan “frontera inteligente” o “desmaterialización de las aduanas”. Se trata de usar la tecnología digital para acelerar los trámites aduaneros y garantizar el flujo continuo de camiones. Sólo por el puerto de Calais pasan 4 millones de ellos cada año. Habrá dos vías, la lenta y la rápida o fast-track. Por la segunda circularán quienes hayan sido previsores y cumplimentado con antelación los requisitos administrativos y el pago de impuestos y aranceles. Ellos obtendrán un código de barras y lo colocarán en el parabrisas. Eso, más la lectura de las matrículas, debe hacer que el embarque hacia Gran Bretaña, y al revés, sea veloz. Habrá controles aleatorios de verificación. A los de la vía lenta les aguardan más dificultades.

Los franceses han contratado a centenares de nuevos agentes de aduanas, han construido aparcamientos y edificios adicionales para la burocracia fronteriza, que incluye controles sanitarios y fitosanitarios sobre los productos.

Listos para lo peor

Unos ensayos en las aduanas simularán que el Reino Unido es, de repente, Sudáfrica

Los preparativos, sin embargo, presentan muchas lagunas. Un vistazo a la web informativa del Gobierno francés sobre el Brexit pone en evidencia las incertidumbres, algunas muy importantes y concretas para la vida de la gente en el caso de Brexit sin acuerdo. ¿Qué pasa con las pensiones de los trabajadores que han cotizado en los dos países? ¿Qué ocurre con los jubilados ingleses que viven en Francia y tienen hoy acceso a los servicios médicos? Están en el aire cuestiones muy relevantes, de empleo o salud, y otras que pueden parecer triviales, como la validez de los carnets de conducir o los controles cuando se viaja con animales de compañía.

En la pet reception del Eurotúnel no tienen aún instrucciones claras sobre las nuevas ordenanzas para las mascotas. Hoy los británicos pueden entrar libremente en otros países de la UE con sus perros y gatos. En sentido inverso, el Reino Unido sí exige requisitos. Si el Brexit es duro, ¿la UE impondrá condiciones a las mascotas inglesas? “Es posible –contesta una joven empleada–. Lo que recomendamos por ahora es que se efectúe a los animales un análisis de sangre”.

Justo al lado de la entrada del Eurotúnel, el gigantesco centro comercial Cité Europe, construido hace 25 años, se está ampliando, con nuevas tiendas y restaurantes. No parece que estén muy preocupados por el Brexit. “Aquí han bajado mucho los ingleses que vienen a comprar –comenta Brigitte, veterana dependienta de una bisutería–. Pienso que es por la bajada de la libra esterlina. Pero, en cambio, vienen muchos belgas. Más que el Brexit, lo que nos hizo daño fueron los inmigrantes, la jungla de Calais (el campamento irregular que se instaló en la zona hace unos años). La gente dejó de venir porque tenían miedo de ser atracados, aunque en realidad los inmigrantes no salían de aquel recinto”.

“Queremos atenuar al máximo el impacto negativo del Brexit”, asegura Hingrez-Céréda. Para ello ha habido ya varias reuniones entre los dos departamentos franceses más afectados –Paso de Calais y Norte– y el condado de Kent, por parte británica, así como entre alcaldes, con buena voluntad de colaboración. Hay tres áreas prioritarias para coordinar medidas: la economía, el transporte y los intercambios juveniles. “A título personal estoy muy triste porque pensaba que las relaciones en el seno de Europa se habían consolidado y no se pondrían en cuestión –reconoce la dirigente local–. Esta Europa nos ha dado el más largo periodo de paz de la historia”.

Escenario poco claro

Las incógnitas incluyen desde las pensiones al transporte de mascotas o el carnet de conducir

Esa historia, en efecto, provoca paradojas. Delante del aparatoso muro con concertina que protege el acceso a los ferries en Calais –más disuasorio frente a la inmigración ilegal que frente al contrabando–, hay una señal de madera sobre la Vía Francigena, el camino de peregrinación que desde la Edad Media ha unido a Canterbury con Roma. Aún hay caminantes que siguen la tradición. Se les ve abandonar Calais y encarar la pintoresca ruta que bordea la costa. “Espero que el Brexit no termine con esto –dice Justine, de la oficina de turismo–. La religión debería pasar por encima de la política”.

También tienen doble lectura las estatuas de bronce en el parque Richelieu, en el centro de Calais, que representan al general Charles de Gaulle y a Winston Churchill. Una hace 3,05 metros y la otra 2,65 metros. Es obvio que el escultor quiso engrandecer aún más su dimensión como estadistas. El monumento se levantó en junio del 2017, un año después del referéndum del Brexit. La ironía de la historia es que, pese a su alianza en la II Guerra Mundial, Churchill detestaba a De Gaulle. Y el francés se opuso de modo tajante a que el Reino Unido se incorporara al entonces Mercado Común Europeo, precursor de la UE, porque desconfiaba de la lealtad británica. Sólo fue posible el ingreso al club cuando el general murió. También ellos serán ahora testigos mudos del divorcio.

Fuente:lavanguardia.com

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