Publicado el 02/08/2020 - 07:00 Hs.

Cómo es vivir tres meses con coronavirus en Ecuador: la odisea del argentino que se hizo ocho hisopados

Daniel, que vive en Guayaquil, comenzó con los síntomas en marzo y contó a minutouno.com cómo fue la pesadilla de sufrir el coronavirus y sus secuelas.

Un argentino sobrevivió tres meses con coronavirus bajo un sistema de salud totalmente colapsado, en la soledad de su casa y con faltante de medicamentos y oxígeno. Daniel Gramuglia, de 35 años, reside en Ecuador y se hizo ocho hisopados, de los cuales siete dieron positivos.

El 15 de febrero, Daniel - oriundo de Tandil - viajó a la ciudad de Guayaquil, donde es bombero voluntario del cuartel de Samborondón. El primer caso de coronavirus en Ecuador se confirmó a fin de mes y para el 17 de marzo, el presidente Lenin Moreno decretó el toque de queda. Si bien las personas podían circular en la calle entre las 5 y las 14, y todo tipo de actividad quedó cancelada, los casos aumentaban de a cien por día.

“El 24 de marzo empecé a sentirme cansado. Solo iba al supermercado o al banco, si surgían emergencias con los bomberos lo hacíamos con las medidas de bioseguridad. Decidí no salir y esperar a ver cómo evolucionaba”, recuerda Daniel, quien cuenta a minutouno.com su historia de supervivencia.

“Al día siguiente la fiebre me llegó a 40°C y no me bajaba. Empecé con dolor abdominal, fatiga y dolor muscular propio de una gripe fuerte”, indica Daniel, quien asegura que “siempre había tomado todas las medidas de prevención”.

Cuando el 28 de marzo llamó al 911 de emergencias, el sistema en Guayaquil ya estaba sobresaturado y no había ambulancias. Con la ayuda de un conocido pudo llegar a un hospital público. No había hisopados disponibles, solo se conseguían de forma privada, con una espera de más de cinco horas y un costo de 120 dólares.

El primer hisopado y la odisea por conseguir medicamentos

El 31 de marzo le dieron el primer resultado positivo de coronavirus. “Ahí empezó la película de terror, algo que no me lo olvido nunca más”, recuerda.

La fiebre continuaba y Daniel buscó atención en médicos de Argentina y de Ecuador, quienes tomaron la decisión de recetarle Azitromicina, Paracetamol, inmunomoduladores y complementos de Vitamina C.

Además de fiebre alta, diarrea, dolor en las articulaciones y muscular, empezó a sufrir de presión alta y conjuntivitis por lo que le administraron un hipertensivo: “Me dolía la cabeza y sentía taquicardia. Me tomé la presión porque tenía el tensiómetro y me dio 22/10 y 200 pulsaciones en reposo. Era grave para mi edad”.

“Intentaba comunicarme por teléfono con las farmacias y era imposible, estaba todo colapsado y no había atención. Los medicamentos no se conseguían y los que había estaban en sobreprecio. La Azitromicina me la vendieron a 10 dólares cada pastilla, que suele costar 80 centavos. Cinco pastillas de Hidroxicloroquina costaban 200 dólares y te decían que si no tomabas ese medicamento te podías morir”.

Para entonces, en Guayaquil no se conseguía ni un simple Paracetamol. Había desabastecimiento en los supermercados y fallaban los servicios de luz y agua con cortes constantes: “Pasé días difíciles. No tenía cómo alimentarme. Los testimonios de la gente en Guayaquil eran alarmantes, la gente se moría, tenía compañeros que habían perdido familiares y de la morgue no retiraban los cuerpos de las casas. La gente estaba desesperada”.

Daniel buscó ayuda en el Consulado argentino de Ecuador y cinco días después del primer hisopado pudo conseguir la mediación indicada por los médicos.

“Pensé que me moría”

“Al séptimo día me puse muy mal, me empezó a faltar el aire, estaba saturando 82, cuando lo normal es 98. Me llevaron al hospital de Guayaquil para internarme pero no había cama; en un segundo hospital me exigían el equipo de oxígeno para ingresar. No se conseguían, me quisieron vender uno a 1.200 dólares, cuando cuesta 200”, cuenta y ante la difícil situación, Daniel tomó la decisión de regresar a su casa y seguir el tratamiento por videollamada: “No tenía otra opción”.

El Hospital Los Ceibos fue al primer centro de salud que acudió Daniel: no había camas

Las noches se le hacían eternas y dormía dos o tres horas. “Pensé que me moría. Tenía pesadillas, miedo, incertidumbre de no saber si los medicamentos hacían efecto. Fue muy triste”, recuerda. “No tenía quién me viniera a atender, no había un médico que me revisara, no se conseguía turno para hacer la tomografía”.

https://www.minutouno.com/

Comentarios

Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de sus autores.
Norte Bonaerense se reserva el derecho de administrarlos.

Publicado en