Publicado el 15/03/2019 - 07:00 Hs.

El rock y los números

Los números parecen no ser solamente abstracciones que denotan cantidades. También son signos que algunos visualizan como señales. Para algunos rockers también.

El mundo, desde las civilizaciones originarias, parece haber avanzado con algunos creyendo interpretar en las numeraciones mensajes ocultos, o pretendiendo encontrar en ellas secretos perdidos, claves ignotas.Instalandoque son discursos sólo para exégetas, para iniciados en la decodificación de textos numéricos, de cifras misteriosas, de significados desconocidos. De Pi o de Kabbaláh, de ciencia o de ocultismo. Otros, atribuyendo a un número determinado propiedades oraculares o sapienciales, develando incluso cuál podría ser la misión de cada uno en la vida. Como si pudiera revelarse una relación mística entre los números, los seres vivos y las fuerzas físicas o espirituales. Oscilando entre una pseudo ciencia y una simple pero extendida superstición. Como si los números concentraran una cierta vibración, inasequible para la mayoría.

Siempre el número apareció asociado a herméticas fórmulas de alquimia y piedras filosofales. Y a los elementos constitutivos de la naturaleza: agua, aire, tierra y fuego. Y la quintaesencia, esa especie de éter cosmológico.

El I-Ching, antiquísimo libro de las mutaciones atribuido a Confucio, con 64 hexagramas que se combinan entre ellos, parece describir con precisión el presente y anticipar el futuro de su consultante, a la par de orientarlo para la acción, toda vez que los taoístas creían que 64 eran la totalidad de las situaciones posibles en la vida de las personas.

La escuela filosófica presocrática de Pitágoras sistematizó la relación entre los planetas conocidos por entonces y su vibración numérica (“melodía de las esferas”) y su influencia en la armonía universal y las leyes naturales. Los caldeos, los chinos y los babilónicos también elaboraron teorías propias acerca de estas cuestiones. Se trata de sabiduría milenaria y no de cuestiones superficiales. No es leer el horóscopo o pretender acertar los números de la quiniela. 

La Kabbaláhes la escuela esotérica hebrea que analiza la Torá a la luz del valor numérico de las palabras del texto, buscando comprender a Dios a través del Árbol de la Vida. Quizás en ella se basó el matemático ruso contemporáneo Gregori Grabovoi a la hora de publicar “Números que curan”, proponiendo que a través de la concentración de series numéricas de varios dígitos se puede mejorar la salud.

El teólogo escolástico San Buenaventuraacuñó “La Creación del mundo es casi como un libro en el que puede leerse la Trinidad creadora”, apuntando así al poder y la presencia que tendría el número tres, por semejanza del mundo con su Creador, aportando varios ejemplos que para su época y contexto parecían convincentes.

Posiblemente fueron los egipcios quienes descubrieron Pi (3,1416), el número irracional que sirve de constante matemática aplicada a la física y la ingeniería. La famosa Sucesión Fibonacci(del año 1202) también tiene incidencia en la realidad y es muy simple de hacer: comienza con 0 y 1, y a partir de ellos se trata de sumar los dos anteriores: 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89… La misma, se ha comprobado, es de exitosa aplicación y utilización con fines biológicos, musicales e informáticos, entre otras áreas.

Jorge Luis Borges, el genial poeta ciego, escribió sobre la cifra. La Cifra. La que tendría indicada la cantidad de tiempo que le tocará a cada mortal.“¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: No volverás a ver la clara luna, has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino”.

También hay números que por ellos mismos parecen tener efectos sobre las cosas y las personas. Por motivos diversos, el 3 quizás sea el considerado más sagrado por diferentes culturas. Griegos, romanos, druidas, esenios o cristianos, entre otros, parecen demostrarlo, y atribuirle participación en hechos trascendentes. Algo similar sucede con el 7: las notas musicales, los colores del prisma, los días de la semana, los pecados capitales, las ramas del saber. Y el 13 concentra todos los temores y desconfianzas, con muchos convencidos de la conveniencia de evitarlo.

A los rockers nada parece pasarles desapercibido. No viven alejados del mundo que los rodea y de sus creencias, aunque a veces aparentansumergirse en una realidad propia. Y siempre obviando explicar las razones de algunas de sus decisiones artísticas. Led Zeppelin, banda legendaria creadora de lo que hoy conocemos como “heavy metal” en el rock, y de cuyos vínculos con el ocultismo no parece haber dudas, denominaron a sus cuatro primeros álbumes simplemente “I”, “II”, “III” y “IV” (aunque éste en realidad no tenía nombre). El grupo mejicano liderado por Alex Lora fue bautizado “El Tri”, de tan devotos católicos que son, aunque algunos piensen en la bandera tricolor mejicana.

Cada canción que apela a un número en su contenido como rasgo principal, tiene su propia historia. Sería inabarcable explicarlas. Pero podemos listarlas.

Usan números para designar fechas significativas en las historias personales o del mundo. “Verano del 57”,Zimbawe. “Verano del ’68”, Pink Floyd. “Verano del ‘69”, Bryan Adams. “1969”, The Stooges. “Recuerdos del 76”, Durazno de Gala. “1979”, Smashing Pumpkins. “1984”, David Bowie. “Verano del ‘92”, Los Piojos. “1999”, Almafuerte. “Carta para mí desde el 2086”, Luis Alberto Spinetta. “Diez años idos”, Led Zeppelin. “14 años”, Guns N’ Roses. “Cinco Años”, David Bowie. “100.000 años”, Kiss. O edades: “Dulces dieciséis”, Chuck Berry. “Cuando tenga sesenta y cuatro”, The Beatles. “Ella sólo tiene 18”, Red Hot Chilli Peppers. “La nena de 17”, Enanitos Verdes. “11 y 6”, Fito Páez.

También horarios: “2 minutos para la medianoche”, Iron Maiden. “Tren de las 16”, Pappo. “Viernes 3 AM”, Charly García. O simplemente cantidades: “Treinta días”, Chuck Berry. “Los cuatro centauros”, Metallica. “Siete maravillas”, Fleetwood Mac. “Séptimo hijo de un séptimo hijo”, Iron Maiden. “Diez indiecitos”, The Yardbirds. “Diecisiete”, Sex Pistols. “40”, U2. “39”, The Cure. “Escalón 15”, Radiohead. “42”, Coldplay.“Dos de nosotros”,The Beatles. “Vuelta al cero”, Rolling Stones. “Uno”, Metallica. “29 palmas”, Robert Plant. “Dos corazones”, Bruce Springteen. “Uno en un millón”, Guns N’ Roses. “80”, Green Day. “A 18’ del sol”, Luis Spinetta.

En cualquier caso, pueden permanecer sin develarse cada razón de cada elección. Pero el número, la cifra, también siempre estarán presentes en el mundo del rock. Un universo que cree en la magia.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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