Publicado el 02/08/2019 - 07:00 Hs.

Filosofía Punk y New Wave

Durante una década (1975 – 1985) Inglaterra encontró su lugar en el mundo del rock con una revolución y su consecuente contrarrevolución: el punk y la New Wave.

A fines de los pasados '70, la crisis económica tras la guerra árabe - israelí del '73 repercute directamente en el Reino Unido, quebrantando la industria automotriz, textil, carbonífera y metalúrgica, y desequilibrando la balanza exportadora, con precios que suben, sueldos que se estancan, y huelgas que se extienden, sumado a la creciente confrontación con el Ejército Republicano Irlandés, que provocaron una ola de desesperación colectiva. Para los jóvenes, el rock pareció haber muerto, al no poder identificarse con treintañeros millonarios, motivando una explosión filosófica y estético-musical que fue el punk, caracterizada por su nihilismo y escepticismo, necesitados de rebelarse al establishment, convencidos del “no future” y de los contrastes sociales, y cultores del fracaso, la desesperanza y lo que por entonces se entedía por fealdad, en una inédita conjunción histórica provocadora de la única revolución rockera auténticamente blanca, que le diera la espalda al blues y rock clásicos, que fueran las expresiones de la rebelión del esclavo negro del sur estadounidense. En este contexto, The Sex Pistolsdestacaría en su formación definitiva a Johnny Rotten y Sid Vicius (el podrido y el vicioso). Debutantes en el '75, con un despreocupado sonido desafinado, se definen a favor de la destrucción del mundo entero, liderando un movimiento de rebelión radical y extremista, con la intención de arrasar con el anquilosamiento del rock, editando su primer disco, que impulsaba una violenta e insurreccional “Anarquía en Gran Bretaña”, por lo que pierden su contrato discográfico con la EMI, se cancelan sus presentaciones, y son perseguidos por la Scotland Yard. Pero como todo escándalo siempre conlleva notoriedad, en el '77 editan “God save the Queen”, caricaturizando el himno nacional británico e injuriando salvajemente a la Reina, en pleno jubileo del reinado, consagrándolos en la marginalidad, aunque nuevamente despedidos de otra discográfica. Separados en el '78, con Sid Vicius muriendo por sobredosis, en su tercera compañía editan “Flagelando a un caballo muerto”, en el que, como sería una costumbre punk, satirizan un clásico: el “My way” de Paul Anka.

Entre el '70 y el '77, el rock avizoró la muerte de cerca, al abandonar su actitud de rebeldes contraculturales en favor de las exigencias del sistema, convirtiéndolo en una clásica institución de inmodificables dogmas, provocando una reacción, casi revolucionaria, con definiciones explícitas en sus letras, como la banda inglesa de punk rock The Clash, cuando vociferaban: “No más Presley, Beatles, ni Rolling Stones en el '77”, saturando un sonido que casi imposibilitaba escuchar al cantante. Y fueron precisamente los de The Clash, banda de corte maoísta y admiradores confesos de Sex Pistols, quienes exhibirían una inusual profundidad de contenido, convocando a la rebelión blanca, proclamando la ruptura con las tradiciones del rock, atacando a las instituciones de Occidente, comprometiendo su mensaje, influidos por el marxismo, adhiriendo al sandinismo, y dotando al movimiento punk de un fundamento teórico del que carecía. Y aunque fueron perseguidos por las fuerzas de seguridad, por los neonazis, y por los dueños del negocio del rock, hasta su disolución, en el '83, The Clash advertían del posible plan de dominación cultural de la, en esta concepción, multinacional e imperialista “Koca Kola”.

Como decían los franceses, las revoluciones se comen a sus propios hijos, generando su propia contrarrevolución, ya que tanto exceso originó su anticuerpo a través de la “New wave”, que alejándose del nihilismo y la violencia, tuvo su auge a comienzos de los '80, todavía teñidos de la influencia after-punk, pero inclinándose hacia la ecología, el pacifismo y los derechos del hombre. En el contexto de la explosión punk, en el '77 surge un grupo inglés de reggae rock, con influencias del jazz y el pop, y sustentados en el carisma de un maestro de escuela, bajista y vocalista: Sting, liderando The Police. En su primer disco, “Outlandos D'Amour” (1979), una canción sobre una prostituta del barrio parisino fue el primer hit de una larga serie. “Ya no tenés que encender la luz roja, porque esos días terminaron. Ya no tenés que vender tu cuerpo de noche, Roxanne. Porque te amé desde que te conocí...”

“The Police”, denominación inspirada en el padre de Stewart Copeland, baterista del trío, quien fuera agente de la CÍA, tuvo una breve pero contundente trayectoria basada, entre otras cosas en la paradojal constitución de la banda: un trío compuesto por bajista, guitarra y batería, más próximo a una clásica banda de rock duro que a un grupo superador del punk en busca de melodías más armoniosas. En “Regatta de Blanc”, a fines del '79, decían: “Gigantescos escalones son los que tomás, caminando por la luna, pisando, sin hacer ningún sonido, caminando para siempre, por la luna...” También hubo tiempo para letras de amor, soledad y desencuentro, describiendo historias cotidianas y dramas personales: “Cada pequeña cosa que ella hace, es mágica, y me hace andar, después de la tragedia”.

Durante su breve reinado de no más de 5 álbumes, con la new wave conquistó al mundo con un estilo propio comercial y ecléctico, y de mensaje humanista. Aunque también tuvieron tiempo de un personal mensaje ideológico-político: “No hay soluciones políticas a nuestra problematizada evolución. Y no hay fe en la Constitución. ¿Dónde está la respuesta a la mentira?, con callados líderes hablando con palabras retóricas. Nosotros somos espíritus en un mundo material”.

“Zenyatta mondatta” (1980), el doble “Ghost in the machine” (1981), y “Synchronicity” (1983), constituyeron el legado creativo de The Police, que aunque disueltos oficialmente en 1986, con “Cada vez que respires”, considerado por la crítica como el tema más resonante de esa década, tuvieron el broche de una trayectoria incomparable, configurando la base de una posteriormente exitosa carrera solista de Sting. Alguien que luego sería ungido por la Reina como Caballero de la Corona Británica. Circunstancia que hace un poco de ruido, si estamos hablando de un rocker. De los rockers y sus contradicciones. Como las puede tener cualquiera. De eso se trata vivir, entre otras cosas.

Por Ernesto Edwards 

Filósofo y periodista 

@FILOROCKER

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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