Publicado el 16/10/2020 - 07:00 Hs.

Finlandia y el Heavy Metal

Aunque casi desconocidos para nuestro contexto, los fineses tienen al Heavy Metal casi como su música nacional. Descubramos por qué. Y empecemos a recorrer virtualmente el panorama rockero en los países nórdicos

 

A días de haber comenzado el otoño en el hemisferio norte, en Finlandia no parece significar gran cosa. Podemos ver, a través de diferentes portales, que las calles de Helsinki se caminan como si fuera el más crudo invierno, con días con temperaturas máximas de 5 °C. Y aunque tendríamos muchos detalles en qué detenernos en la actual circunstancia que vive el mundo, el autor de esta nota se siente atraído por la fama que adquirió este país en torno a la notable proliferación de bandas rockeras que profesan el heavy metal. Y quiere saber por qué.

Partamos de este dato: el pueblito de Lemi, al sureste de Finlandia, a poco más de dos horas de viaje en auto desde Helsinki, es reconocido desde 2018 como la capital mundial del heavy metal. Y todo porque registra la mayor densidad del planeta en cuanto a grupos de hard rock per cápita. Dan ganas de mudarse allí. Y no sólo por ese motivo. 

Muy próximos al índice de felicidad del que disfrutan los daneses, en Finlandia, otro Estado Benefactor, se destacan por su calidad educativa y su nivel de vida, pero el rock supera todo. Pensemos que no llegan a 6 millones de habitantes en todo el país, y que tienen 3 mil bandas de rock pesado. Y hagamos las cuentas. Sí, no los supera nadie, aunque sus grupos emblemáticos sean casi desconocidos internacionalmente. Con esa excepción que fue Lordi, representante finés en el Festival Eurovisión de 2006, en el que triunfan.


Ahora bien, es justo reconocer que Finlandia, la tierra del maestro de la música Sibelius, también alberga numerosos grupos de diversos subgéneros rockeros. Pero el heavy metal va más allá de todos los demás. Con grupos como The Rasmus y su hit “No fear”. O el ya citado y muy teatral Lordi y su megaéxito “Hard Rock Hallelujah”. También Sunrise Avenue con “Choose To Be Me”. O los siempre prometedores Cats on Fire. Además, asoman la cabeza Nightwish, Apocalyptica, Children of Bodom, Turisas, Isomnium y Amorphis, que gozan de gran popularidad.

Lo charlan por allí, en sus callecitas empedradas que ya empezarán a cubrirse de nieve. Cuentan que las noches invernales son eternas, que el frío es intenso, que la depresión acosa y que las fantasías autodestructivas proliferan. Y aunque las necesidades materiales mundanas parecen satisfechas, la angustia existencial los acecha. Y parece ser que el heavy metal los reanima, les devuelve esa energía que parece extinguirse cada invierno. Pero esa explicación no alcanza. 

Pensemos lo siguiente: el Heavy Metal, como subgénero rockero, tiene una larga historia. Tan extensa casi como el mismo rock and roll. Surgido a mitad de los ´60, los especialistas no nos ponemos de acuerdo sobre si fueron Led Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbath la banda pionera del Hard Rock, que por cierto es otra denominación del mismo fenómeno. Con los años llegarían numerosas variaciones metaleras, que lo hicieron más rico y prolífico. Unos cuantos se afanan en destacar como los detalles más distintivos el factor instrumental del género. Que la guitarra, que el bajo, que los parches, que las voces estridentes. Que el ritmo, el tempo y la armonía. Que un sonido ensordecedor. Que cierta influencia de la música clásica. Sin embargo, parte de lo más destacable pasa por sus temas y el consecuente tratamiento temático de dichas cuestiones. Ocultismo, nihilismo, religión, política y crítica social. Y, claro, no habría metal sin sus reconocibles baladitas de amor. Todo en un esperable marco de audacia y transgresión. Y toques espiritualistas entre góticos y medievales. Y en el caso de los fineses, haciendo alarde de estructuras musicales complejas y un reconocible virtuosismo de sus músicos, en un amplio abanico que exhibe un muestrario diverso. No menos importante es advertir que en algún caso puntual se perciben sesgos misóginos y violentos que parecen desmentir su consonancia con el ideario amplio, rebelde y libertario del rock. 

Por otra parte, a los fines de entender por qué el heavy metal en Finlandia, no puede desconocerse el elemento emocional que moviliza, de modo vitalista e intenso, a través de una incomparable experiencia estética que vincula elaborados textos literarios vehiculizados en envolventes melodías, que en ocasiones combinan arreglos operísticos, que desencadenan vuelos mentales fantásticos. Y que despabila y sacude.

Vayamos a una pequeña muestra, con dos bandas icónicas. Lordi fue fundada en 1992 y son conocidos como “los monstruos finlandeses”. Con títulos que los definen, “Monsterikan Dream” y “Arockalypse” fueron sus primeros álbumes, con los que marcaron un camino y un estilo. Y “Sexorcism” (2018) y “Killection” (2020) son sus grabaciones más recientes. En “Hard Rock Hallelujah”, la canción sorprendentemente ganadora del Eurovisión, cuentan una tenebrosa historia de amor, acorde con el género: “Ella te atrae con intención. Parece la chica de al lado. Pero es sangre y pisos pegajosos. Eso realmente la excita. Ella tiene un cuerpo para morirse. Lo tocas y lo harás. Ella tiene cara de ángel. Y un impulso de matar. Ella es santificada por la muerte. ¡Hey! Mantente alejado de la dama de la noche”.

The Rasmus se fundó en Helsinki en 1994, definiéndose como cultores del rock gótico, aunque la diversidad instrumental los ha llevado también a incursionar en una original fusión con música electrónica. “No fear” es una de sus canciones más difundidas. “Niña, viviste tu vida como un cisne dormido. Ha llegado tu hora. Ve más profundo. Niña, tu viaje final acaba de comenzar. Pero el destino eligió dejarla. Sin miedo. Destino oscuridad. Sin miedo. Destino oscuridad. Niña, la lluvia cae de los cielos del norte como cuchillos envenenados. Sin piedad. Niña. Cierra los ojos por última vez. Noches de insomnio. De aquí a la eternidad. Sin miedo. Destino oscuridad. Sin miedo. Destino oscuridad. Sin miedo”.

Finlandia reproduce las mismas características que el resto de Escandinavia en cuanto a vida política, ya que es una república parlamentaria, cuyo presidente actual, Sauli Niinistö, casi ningún ciudadano de a pie parece recordarle el nombre. Helsinki, fundada en 1550, con 600 mil habitantes, no es tan grande, y mientras se puede caminar desde el Ministerio de Educación y Cultura, sobre el Golfo de Finlandia bañado por el Báltico, rumbo a la Plaza del Senado, me cuentan que de una disquería suena, y fuerte, música de heavy metal. Quizás pase algún tiempo más antes de poder volver a la tranquilidad de los países del norte europeo. Sí, escuchando Rasmus de fondo, entre auroras boreales y hard rock.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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