Publicado el 27/03/2020 - 07:00 Hs.

Fito a la conquista del espacio

En medio de la incertidumbre por cuánto durará la pandemia del coronavirus y su consecuente cuarentena, surgen nuevas formas de difundir la música. Fito Páez editó disco nuevo y lo presentó vía streaming

En el firmamento del rock argentino predominan emociones futboleras, de fanatismos y fundamentalismos intolerantes si las opiniones, gustos e inclinaciones de unos no coinciden con los de otros, jugando un Boca – River donde el que piensa diferente es un enemigo ignorante. Esas pasiones las despiertan artistas como Fito Páez, entre no muchos notables. Parece inaceptable intentar recorrer el camino de la objetividad, y también complejo de concretar, porque personas al fin, todos estamos situados y miramos la realidad desde determinada perspectiva, aún cuando hagamos un ejercicio de voluntad y nos esforcemos por despojarnos de nuestras inclinaciones. Ejercicio que debe hacerse con Páez, músico notable sin discusiones, que aún así provoca reacciones diversas en público y crítica.

Hace un par de semanas se hizo público a través de las plataformas virtuales “La Conquista del Espacio”, el nuevo registro discográfico de Fito Páez, justo el mismo día en que el cantautor cumplía años, y que sería la ocasión de la presentación de dicha placa en el Hipódromo de Rosario, algo que finalmente no sucedió por las conocidas razones de la actual pandemia del coronavirus. Lo que debió haber sido presencial culminó una semana después en una presentación del rocker, solo, desde su casa y vía streaming, con notable éxito de audiencia.

Es casi imposible no saber quién es Fito Páez. Por las dudas, refresquemos algunos detalles y conceptos, y tratemos de aproximarnos a lo que es “La conquista del espacio” y su show “Fito en Casa”. No haríamos ningún descubrimiento si dijéramos que el artista rosarino Fito Páez es un inspirado músico y un buen letrista que fuera autor de memorables canciones ubicables en los inicios de lo que conociéramos como la Nueva Trova Rosarina, y en los orígenes discográficos de Juan Baglietto. Tampoco si afirmáramos que escucharlo cantar no es la mejor experiencia, aunque ello no le importe a casi nadie. También es cierto que siempre supo codearse con próceres del rock nacional como Nebbia, Spinetta, Soulé y García.

Fito Páez, ya solista (luego de ser tecladista de García), escribió y grabó inoxidables páginas del pop local, hasta editar ese incomparable y sincero disco rockero que fuera “Ciudad de pobres corazones”, el que con el tiempo permitió apreciar sus contradicciones e inestabilidades. 

“La Conquista del Espacio”, que no es un disco conceptual, y que tiene altibajos, al escucharlo por primera vez y de corrido, deja la sensación de que Páez está volviendo a sus fuentes, con la legítima intención de recuperar el tiempo perdido apuntando con sus textos a aquellas problemáticas que nos reclaman a todos: la libertad y el amor, fundamentalmente, con el trasfondo de una crítica social y una Posmodernidad violenta que navega entre melodías que saben imponer climas diversos, aunque tanta variedad pueda resultar confusa, yendo desde el pop a la cumbia villera. Sin recordables metáforas pero con el salto cualitativo de letras que saben describir violencias de todo tipo. Y libertades y esperanzas.

Grabado con buenos músicos, una produción de factura internacional, y con invitados que tal vez sorprendan, como Lali Espósito y Hernán Coronel (de Mala Fama) entre otros, las canciones se suceden. “La Conquista del Espacio”, “Resucitar”, “Las cosas que me hacen bien”, “La canción de las bestias”, “Gente en la calle”, “Ey, you!”, “Nadie es de Nadie”, “Maelström” y “Todo se olvida”. De toda esta tracklist se destaca, entre la confesión de ambivalencias y arrepentimientos, mientras describe la naturaleza humana, “La Canción de las Bestias”. Su letra y factura musical justifican toda la placa: “Todas las bestias sufrimos sin parar, lloramos nuestras penas en silencio. Todos los horrores que recaen sobre mí los canto y los transformo en bondad. No puedo evitar hacer el daño y después mi corazón se rompe en mil pedazos. Mi alma es una casa donde vive el amor y las más profundas fantasías del terror. La pregunta es cómo creen que se puede arreglar un mundo donde todos llevan la razón. La respuesta es que los bellos de espíritu caerán también ausentes en el valle de la muerte…”

Todos creemos que los artistas populares se desviven por el aplauso. Quizás una de las notas más altas del íntimo pero general show que dio Fito Páez desde el living de su casa en CABA, decorado minimalista incluido, fue cuando contó una anécdota del legendario músico brasileño Egberto Gismonti, que decía que invitado por un jefe y shamán a tocar frente a su tribu, debido al interés que les despertaba, concurrió y tocó con gran entusiasmo, para advertir que a poco más de media hora de comenzada la presentación, los concurrentes se levantaban y se retiraban en silencio. Preocupado, consultó al jefe tribal si les había desagradado. Éste le contestó que nada que ver, que simplemente se habían llenado de música y que no necesitaban más. Y que la lección era que la música, parta serlo, no requiere del aplauso. Páez lo entendió plenamente, porque dio un show cálido pero hiper profesional, acompañado sólo de su piano (y de su alma), para recorrer un cancionero propio y ajeno digno de admirarse. Fueron 15 temas en 70 minutos, y con ellos dijo todo. “Mariposa Teknicolor”, “Los días de sonrisas, vino y flores”, “11 y 6”, “Cable a tierra”, “Resucitar”, “Desde que o samba é samba” (Caetano y Gilberto), “La canción de las bestias”, “Al lado del camino”, “El cuarto de al lado”, “Esta tarde vi llover” (Armando Manzanero), “Gracias a la vida” (Violeta Parra), “Dar es dar”, “Ring them bells (Bob Dylan), “La conquista del espacio” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”.

“Vengo a ofrecer mi corazón”, fue en conmovedora versión, que de tanto bien casi hizo mal escucharla: “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Tanta sangre que se llevó el rí­o, yo vengo a ofrecer mi corazón. No será tan fácil, ya sé qué pasa. No será tan simple como pensaba. Como abrir el pecho y sacar el alma, una cuchillada del amor… Y hablo de paí­ses y de esperanzas. Hablo por la vida, hablo por la nada. Hablo de cambiar ésta nuestra casa. De cambiarla por cambiar, nomás. ¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”. Mensaje más que oportuno.

Una reflexión final: quizás haya estado de más la propaganda oficialista de Páez si se pretendía ser lo más inclusivo posible. Lo que disparó el insistente rumor de que el show de hace una semana estuvo pago por el erario público nacional. De haber sido así, un llamado de atención: la actual crisis pandémica está poniendo en jaque a la música, el cine y el teatro, y a todas las artes en general. Los presupuestos de Cultura deberían sostener y proteger a todos los de esta industria y sus creadores, y no a determinados personajes en particular. Tal vez Fito Páez tenía razón cuando escribía: “En tiempos donde nadie escucha a nadie. En tiempos donde todos contra todos. En tiempos egoístas y mezquinos. En tiempos donde siempre estamos solos. Habrá que declararse incompetente en todas las materias de mercado. Habrá que declararse un inocente. O habrá que ser abyecto y desalmado”. Lo dijo Fito.

 

FICHA TÉCNICA

“La conquista del espacio” (Argentina, Sony, 2020)

Intérprete: Fito Páez

Género: pop rock

Duración: 36’ – 9 tracks

Calificación: bueno

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

 

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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