Publicado el 10/04/2020 - 07:45 Hs.

Frankl, la resiliencia y el rock

En tiempos de Pandemia, el mundo requerirá de una actitud resiliente para recuperarse. Revisemos su concepto, recorramos la obra de Viktor Frankl y veamos el enfoque del rock

La resiliencia es la capacidad de los seres humanos para adaptarse a situaciones adversas y superarlas. En primer lugar fue conceptualizada pensándola como una capacidad personal, individual. Pero la resiliencia también puede ser grupal, comunitaria. Ejemplos abundan a lo largo de la historia de cómo determinadas comunidades pudieron sobreponerse a ciertas experiencias negativas, incluso destructivas, y recuperarse.

Quizás el predecesor intelectual a la hora de incursionar exitosamente en esta temática fue un austríaco contemporáneo. Viktor Frankl (Viena, 1905 – 1997) fue un pensador, psiquiatra y neurólogo de origen judío, responsable de la creación de la Logoterapia. Con la ocupación nazi de Austria, fue tomado prisionero en diversos campos de concentración, a los que sobrevivió, luego de penosos padecimientos personales y familiares, entre 1942 y 1945. Su dolorosa experiencia de vida motivó que publicara su libro principal: “El hombre en busca de sentido”. 

De familia acomodada e influyente, ya que su padre llegó a ser ministro de Austria, de joven comenzó a incursionar en la Psicología, aunque su carrera universitaria fue la de Medicina, y tras graduarse, mientras trabajaba en el Hospital General comenzó a especializarse en Psiquiatría. Ya comenzada la Guerra dirigía el centro de Neurología de un hospital vienés único en admitir judíos. Fue así que mientras empezaba a hacerse conocido profesionalmente, sus padres y su esposa fueron deportados a un campo de Praga, donde no lograrían sobrevivir, mientras demás familiares, amigos y colegas, también serían exterminados, algo que averiguaría recién tiempo después de finalizada la conflagración. 

El dolor, el desencanto, la desesperanza y el vacío existencial fueron tiñendo sus días. Ya de regreso en Viena es designado al frente del Departamento de Neurología de Viena, donde se desempeñó a lo largo de un cuarto de siglo, mientras desarrollaba una carrera como académico universitario en las cátedras de Psiquiatría y Neurología, hasta que en 1949 se doctora en Filosofía. Tiempo después comenzaría a recorrer el mundo como profesor invitado en prestigiosas universidades de todo el mundo, hasta su retiro, con casi 90 años, luego de recibir una treintena de doctorados Honoris Causa.

La Logoterapia, que se apoya en el análisis existencial, se centra en la voluntad de sentido de cada ser humano. Es decir, en la posibilidad de dotar de un significado (un Logos) a la propia existencia, para sobreponerse a situaciones adversas. Filosóficamente se basaba en la creencia de que todo ser humano es libre de elegir su propio destino, y que el sentido de la vida es inalienable, aunque en ocasiones no lo comprendamos.

El rock siempre ha tomado nota de la resiliencia como así también de la obra y la propuesta terapéutica de Viktor Frankl, con varias canciones. Entre ellas, “Viktor Frankl” (Centiment), “Resiliencia” (Laguna Pai), “Resiliencia” (Ñudrop), “Resiliencia” (Rafa Espino), “Resilient” (Rising Appalachia), “Logotherapy” (This Oceanic Feeling), y la instrumental y extensa “The Logotherapy of Billy Borneman” (Confusion Illusion Delusion).

Algunos abordaron el tema de manera muy destacada y con notorio acierto, y merecen un desarrollo especial. “Yo no permito”, de Litto Nebbia, es un manual de resiliencia y voluntarismo, y cuyo texto parece haber seguido al pie de la letra el mismo Nebbia para su propia vida. “Yo sé que no puedo morir por ahora. Y la razón es que ando muy ocupado. Pero suceden cosas diariamente que intentan liquidar mis sentimientos. Y yo no hago caso. Yo no permito que me impidan seguir. Yo los invito a que me vean seguir. Y si lo intento es porque estoy convencido que para lograr algo hay que insistir… Por eso si mañana comprás el diario, y leés de nuevo que todo anda mal. Y en el trabajo te dicen que no vuelvas, buscá una mano amiga, madurá tu paciencia, alimentá tu fuerza. ¿De qué sirve que te anules? A lo mejor de esta salimos, y no tendrás que decir: Yo no permito que me impidan seguir”.

En “Volver a empezar” Alejandro Lerner da una lección de decisión y fortaleza: “Pasa la vida y el tiempo no se queda quieto. Llegó el silencio y el frío con la soledad. ¿Y en qué lugar anidaré mis sueños nuevos, y quien me dará una mano cuando quiera despertar? Volver a empezar, que aún no termina el juego. Volver a empezar, que no se apague el fuego. Queda mucho por andar. Y que mañana será un día nuevo bajo el sol. Volver a empezar. Se fueron los aplausos y algunos recuerdos, y el eco de la gloria duerme en un placar. Yo seguiré adelante atravesando miedos. Sabe Dios que nunca es tarde para volver a empezar”.

Los de No Te Va a Gustar, con “Tan lejos”, también bordean la resiliencia tras un fracaso sentimental: “Todos nos vemos buscando, bien o mal, una salida en el cielo. Adentro llueve y parece que nunca va a parar. Y va a parar. Una sonrisa se ve reflejada en un papel. Y se te empañan los ojos. Con esas caras diciendo que todo va a estar bien. Y va a estar bien. Cantando a pesar de las llamas”. Y con “En las encías”, Kutxi Romero a través de Marea dice: “Seré un trozo de luna, podrido y resiliente. El dueño silencioso de una lengua candente”.

Con “Hallelujah”, Leonard Cohen sacraliza lo cotidiano y las dudas de la existencia, para concluir, entre otras enseñanzas, que siguió cantando, aunque todo salió mal. La también canadiense Alanis Morissette en “Hand in my Pocket” cuenta, entre ambivalencias y contradicciones: “Estoy en bancarrota pero soy feliz. Soy pobre pero soy amable, soy bajita pero tengo salud, sí… Estoy cuerda pero abrumada. Estoy perdida pero llena de esperanza…”

Muchos parecen tratar, en el mundo de habla hispana, de recuperar como supuestos himnos para estos tiempos difíciles, “Resistiré” y “Color Esperanza”. Por favor no lo hagan. Piensen que tienen muchos más para rescatar sobre el tema y buscar inspiración, si de resiliencia se trata, las respectivas historias de vida de casos emblemáticos como los de Axl Rose, previo a su consagración con los Guns N´Roses, y la de Fito Páez en tiempos de “Ciudad de Pobres Corazones”.

Para el cierre, lo más destacado y explícito en cuanto a conceptualizar resiliencia en el universo del rock. Hace casi siete años ya, en 2013, en ocasión de la Maratón de Boston, la ciudad pareció herida de muerte por el terrorismo. Bajo el lema “Boston strong”, un conmovedor Steven Tyler, a través de Aerosmith, convocó a sus conciudadanos a unirse tras el mensaje de “Dream on”, cantándoles: “Cada vez que me miro en el espejo, todas esas líneas en mi cara haciéndose más claras, el pasado se ha ido. Pasó como el amanecer a la noche. No es ese el camino. Todo el mundo tiene que pagar sus deudas en la vida. Sí, sé que nadie lo sabe. De dónde viene y adónde va. Sé que es el pecado de todos. Tenés que perder para aprender a ganar. La mitad de mi vida está escrita en las páginas de los libros. Vivir y aprender de los tontos y los sabios. Sabés que es cierto. Todas las cosas se vuelven contra vos. ¡Cantá conmigo, cantá por los años! ¡Cantá por las risas y las lágrimas! ¡Cantá conmigo, aunque sólo sea hoy! Quizás mañana el buen Señor te lleve… Seguí soñando…” Todo un himno de esperanza y superación, para que Boston, y el mundo, sigan en pie, entre sueños, rock y libertad. Vamos a necesitar mucho eso.

 

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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