Publicado el 29/11/2019 - 06:17 Hs.

Gracias, Leonard Cohen

Acaba de editarse “Thanks for the dance”, el disco póstumo de Leonard Cohen. Antes se estrenó el documental “Marianne y Leonard, palabras de amor”. Su pensamiento y su obra siguen vivos.

Cuando creíamos que ya se había conocido todo lo que quedaba de lo creado para ser apreciado por la posteridad, de parte del notable artista Leonard Cohen nos siguen sorprendiendo. Su último gran legado parecía haber sido su libro “The Flame”, además de sus dos discos, “Popular problems” y “You want it darker”, que suponíamos los definitivos. Pero no. Un documental exhibe el registro de su gran amor con Marianne Ihlen, su nórdica musa y amante en los ´60, entre contradicciones e idílicos escenarios. Y también el disco “Gracias por el baile” ofrece otro incomparable poemario filosófico musical del pensador y creador canadiense.

Mucho hemos expresado sobre la vida y obra de Leonard Cohen. Premio Príncipe de Asturias 2011 a las Letras, habiéndose criado en una tradicional familia judía, y acreditado tempranamente en el mundo literario como un inspirado poeta y original novelista, recién a los 32 años decide incursionar en el mundo musical, como cantautor, y convertirse en un trovador de un repertorio entre sacro y de profano, cantándole al misterio de la divinidad pero al mismo tiempo a la cotidianeidad y a las pequeñas y grandes debilidades humanas. 

“Thanks…” es la culminación, en modo excelso, de su línea de pensamiento, con sus reiteradas obsesiones, con su clásica áspera y desafinada voz de viejo fraseador, de esos que recitan sus propias metáforas más que lo que cantan, entre rasguidos flamencos y soul. Depresivo, intenso, irónico, bohemio, profundo y perdedor. Un tanguero consumado con la estética del bluesmen. Fascinador de jóvenes multitudes que lo seguían como un gurú que conectaba varios mundos entre sí, Leonard, una vez más, con nuevas canciones para extasiar a seguidores y a críticos.

Vale reiterar que Cohen fue miembro de culto de la “beat generation” que influyera a Kurt Cobain y que compartiera cartel con Bob Dylan y Tom Waits. Enemigo de la fama y las costumbres mundanas. Cultor del budismo como un monje encerrado en monasterios y engañado por su manager, que le robara hasta su último centavo, Leonard Cohen salía otra vez a competir en el mundo de la música, y el resultado fue el de un artista eximio que derramaba bellas canciones en tono intimista, que llevaban a reflexionar. Sus temáticas no cambiaron: la existencia, el dolor, la derrota, el sexo, el camino autodestructivo y una muerte que se le aparecía cada vez más próxima, que sintetizaba diciendo: “Estoy cantando aunque todo salió mal”.

Definido por la crítica como el gran poeta de la canción, sin embargo Cohen se convirtió en ese pensador que decidió ponerle música a sus dilemas y cavilaciones, para ser él mismo quien gritara sus verdades. Como en ese inmortal poema filosófico, en el que como un anarquista en contra del sistema, cantaba: “Todo el mundo sabe que las apuestas están arregladas. Y aún así juegan esperando un golpe de suerte. Todo el mundo sabe que la lucha fue manipulada. El pobre sigue siendo pobre, y el rico seguirá robando… Todos saben que este barco está por hundirse. Y también saben que el Capitán trata de ocultárselos…”

“Thanks…” no es la reunión de retazos, material descartado y tomas alternativas de su última grabación. Los registró especialmente y con la urgencia de los que conocen la cercanía del final, con su voz ya quebrada, para que su hijo Adam le diera forma de álbum, respetando la esencia y el estilo de su padre. Para ello recurrió, entre otros, al español Javier Mas, su habitual guitarrista, que en clave de flamenco musicalizó cada poema con la idea de que las guitarras y el laúd fueran siempre nada más que el fondo de cada uno de los textos.

Recorramos sucintamente cada una de las nueve canciones. El impactante poema de “The Flame” es el bello texto de su canción “Happens to the heart”, con la que inicia el disco: “Trabajé siempre con firmeza. Pero nunca lo consideré un arte. Financiaba mi depresión encontrando a Jesús, leyendo a Marx. Claro que falló mi pequeño fuego. Pero aún brilla la chispa mortecina. Ve a decirle al joven Mesías lo que le pasa al corazón”. 

Las siguientes serán poemas más breves, pero sin perder contundencia conceptual ni tampoco emoción, como “Moving On”, queparece inspirada en Marianne Ilhen, muerta en 2016, tres meses antes que Cohen. “The Night of Santiago”está basada en una traducción de “La casada infiel del Romancero Gitano” de su admirado Federico García Lorca, a quien ya tradujo en otras ocasiones. Aquí marcando diferencias: “Tú naciste para juzgar al mundo. Disculpa, pero yo no”.

Continúa“Thanks for the dance”, la cuarta canción de la lista, que da nombre al disco. De Anjani Thomas, la recupera y la hace suya: “Gracias por el baile. Siento que estés cansado. La noche apenas ha comenzado. Gracias por el baile. Trata de parecer inspirado. Uno dos tres, uno dos tres uno. Hay una rosa en mi cabello. Mis hombros están desnudos. He estado usando este disfraz”.

Y esta otra: “It´sTorn”, en la que recoge reflexiones sobre los temas que son su gran preocupación e inspiración: amor y muerte. 

“La meta”es otro poema musicalizado en clave flamenca, que es una continuidad de su mensaje de despedida, cuando el final acecha y es inevitable: “No puedo dejar mi casa. O atender el teléfono. Me estoy cayendo de nuevo, pero no estoy solo. Acomodando por fin cuentas del alma. Esto, a la basura. Eso, pagado por completo. Y respecto a la caída, comenzó hace mucho. No puedo detener la lluvia. No puedo detener la nieve. Me siento en mi silla. Miro a la calle. El vecino me devuelve mi sonrisa de derrota. Me muevo con las hojas. Brillo con el cromo. Estoy casi vivo. Estoy casi en casa. Nadie a quien seguir, y nada que enseñar. Excepto que la meta se queda corta del alcance…”

La desgarradora “Puppets”, metáfora que invita a tener memoria: “Títeres alemanes quemaron a los judíos. Los títeres judíos no eligieron. Los buitres títeres se comen a los muertos. Cadáveres de marionetas son alimentados. Vientos de marionetas y olas de marionetas. Marionetas marionetas en sus tumbas. Flor de marioneta, tallo de marioneta. El tiempo de las marionetas los desmantela. Marioneta mía y tu marioneta… Se alimenta de todos los nombres de títeres. Amantes de las marionetas en su dicha. Apártate de todo esto”.

“The hills”: “Yo sé que ella está viniendo. Y sé que ella va a mirar. Estoy vivendo de pastillas, por lo cual le doy gracias a Dios. Mi animal aúlla. Mi ángel está molesto. Pero no tengo permitido un rastro de arrepentimiento”.

Como epílogo, Leonard Cohen eligió “Escucha al colibrí”, que evoca a su propia búsqueda mística, que lo fue transformando entre lo que pudo haber sido un esclarecido rabí, o ser un iniciado monje budista: “Escucha la mente de Dios. Escucha a los colibríes. Escucha a las mariposas. No me escuches a mí”. Sin embargo, no escucharlo al poeta es imposible.

“Gracias por el baile”, su título, parece ser el mensaje final del disco del viejo maestro, ofreciendo su gratitud al mundo y a la vida. Los que te decimos gracias somos nosotros, Leonard.

FICHA TÉCNICA

“Thanks for the dance” (Columbia, USA, 2019)

Autor e intérprete: Leonard Cohen

Género: soul flamenco – 9 tracks

Duración: 29´- Calificación: Excelente

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

 

 

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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