Publicado el 01/11/2019 - 07:00 Hs.

Halloween, las brujas y el rock

Llegó la popular Halloween y descubrimos que el rock también le ha escrito a brujas, hadas y duendes.

Por motivos estrictamente ideológicos el período Medieval de la Filosofía nunca tuvo demasiada buena prensa. Siempre fue mirado de soslayo, con recelo y hasta con desprecio. Quizás porque sus principales pensadores se destacaron desde una reflexión vinculada con la religión y lo teológico. Y esa actividad puramente contemplativa, de especulación dogmática y creencias, no invitaba a abordar el mundo y la existencia, ni a la razón, y a conquistarlos. 

 

Entre la Patrística agustiniana de los primeros siglos, y la Escolástica tomista, hubo casi un milenio filosófico que algunos se apresuraron a calificar de oscurantista. Sobresaliendo cristianos (Buenaventura), musulmanes (Averroes) y judíos (Maimónides), buscando vanamente demostrar a través de la Filosofía la existencia de Dios (cuando es más bien una cuestión de fe) o con discusiones bizantinas (como el sexo de los ángeles), el medievalismo pareció perderse la oportunidad de dar el salto de la Metafísica a la Antropología Filosófica y a la Epistemología. Sin embargo, dejó un contenido profundo que generalmente no ha sido convenientemente abordado. Porque no todo era luminosa revelación. También convivía con la magia, el misterio y la oscuridad. Y con las brujas.

 

La historia, en la imaginería primitiva, les ha reservado a las brujas un lugar de descrédito y temor popular. Su sola mención provoca pensar en horribles mujeres volando montadas en una escoba al anochecer, reuniéndose en espantosos aquelarres, realizando hórridos conjuros de muerte y destrucción. Y siendo perseguidas durante algunos siglos por la institución Iglesia a través de la Inquisición y sus aparatos de tortura y confesión. Hasta allí los hechos, pero sin la interpretación necesaria que hubiera exhibido la permanente discriminación que las religiones les han dispensado a las mujeres, para su desgracia.

 

“Las brujas de Salem” (“The crucible” en inglés), obra deArthur Millerpublicada en 1952, se basó en los hechos sucedidos en 1692 en la ciudad del mismo nombre, a escasos kilómetros de Boston, y pretendió ser una metáfora de la persecución ideológica conocida como macarthismo, con sus listas negras incluidas. Pero añadiendo el delirante clima de fanatismo y paranoia por parte de una población enceguecida por el puritanismo, impulsando un juicio a diecinueve adolescentes acusadas de brujería, de herejías varias y de pactar con el ángel caído. Aunque todo pudo haber sido histeria colectiva, sórdidos intereses políticos entre familias enfrentadas, y hasta el involuntario consumo de alucinógenos. Como sea, las víctimas siempre fueron las mujeres. A través de la “purificación” por el fuego en las hogueras, o simplemente por la postergación social.

 

Cada 31 de octubre, con enorme proyección internacional, se celebra “Halloween”, una festividad sincrética de origen celta vinculada con el final de la temporada de cosechas, que invocaba a los ancestros y buscaba espantar a los espíritus malignos. Y aunque parece de origen pagano, sus raíces se emparentan con lo religioso, casi como una previa y contracara del cristiano Día de todos los Santos. Pasaría mucho tiempo para llegar a la versión irlandesa de los disfraces, del “dulce o truco” y de la calabaza hueca con una vela ardiendo dentro. Y así llega hasta nosotros.

Como sea, el rock tampoco ha sido ajeno a este clima cultural de medievalismo y oscuridad, tan emparentado con el Heavy Metal de origen europeo, pleno de magia y espiritualidad, e influenciados por los caracterizadores del arte gótico. Tiempos y canciones de brujas. Y de hadas (mujeres protectoras con alitas de mariposa) y duendes (pequeños humanoides traviesos), todas criaturas mitológicas más producto de la fantasía que de la percepción de la realidad. Pero siempre dando tema para la creación artística.

Walter Giardino, liderando la metalera Rata Blanca, es un compendio andante de esta particular temática. “El beso de la bruja”lo demuestra: “Siento tu magia corriendo por calles ocultas, como un fantasma que espía a través del infierno. Sólo me puedo quedar gritando en silencio. ¡Vete de aquí, no tocarás ya mi alma nunca más!Disimulada deslizas tus sombras tan negras. Sigo corriendo hasta que tus garras me alcanzan. Aquí estoy otra vez, sufriendo tu magia”. También “Agord, la bruja”exhibe su preocupación: “Agord, la bruja que llegó hasta aquí. Busca cerebros para destruir. Miles de zombies son su Corte hoy. Tontos que ya perdieron la razón. Y se disfraza de mil formas para ser alguien que puedas conocer, debes cuidarte”. Y la infaltable “La leyenda del Hada y el Mago”, esa que habla de encantos y amor: “Cuenta la historia de un mago que un día en su bosque encantado lloró. Porque a pesar de su magia no había podido encontrar el amor. La luna, su única amiga, le daba fuerzas para soportar todo el dolor que sentía por culpa de su tan larga soledad. Es que él sabía muy bien que en su existir nunca debía salir de su destino. Si alguien te tiene que amar, ya lo sabrás. Solo tendrás que saber reconocerlo”.

Lo propio para los de Mago de Öz, para quienes también es una preocupación recurrente: “Aquelarre”, “La cantiga de las brujas” y “Brujas”.

“El martillo de las brujas”, del Indio Solari, alude al infame libro del s. XV con el que se perseguía a las supuestas hechiceras: “Muere hoy la vida en falsedad. De cuna a tumba, siempre en falsedad. Y te dejás llevar así. Con tus tonterías vos te entregás. Tu San Ernesto de La Higuera cargás. Y todo su mundo vos replicás. Con lo bueno bueno nunca te cruzás. En las vidrieras no lo vas a encontrar”.

“Maldito duende” de Enrique Bunburysintetizaencantamientos y poesía: “He oído que la noche es toda magia. Y que el duende te invita a soñar. Y sé que últimamente apenas he parado. Y tengo la impresión de divagar. Amanece tan pronto y yo estoy tan solo. Y no me arrepiento de lo de ayer. Si las estrellas te iluminan. Oh, y te sirven de guía. Te sientes tan fuerte que piensas que nadie te puede tocar”.

“Un hada, un cisne” y el mito que rescata Charly García: “Un hada se mirabaen el lago a la mañana. Sus lágrimas caíany su imagen destruía. Ella quería amara un cisne de agua y sal. Ella quería volarjunto al cisne hasta el mar”.

Luis Alberto Spinetta, un especialista, con “Los Duendes” en tiempos de Los Socios del Desierto, habla de los duendes del agua, del aire, del tiempo y de las hojas. En “Durazno sangrando” ya cantaba: “Dicen que en este valle los duraznos son de los duendes”. Y en “Preso ventanilla” narraba: “Alguien dijo basta y nunca amaneció,luego vino un ángelque se precipitó en su rostro, sin nadie ya...Transformado en duende,en copo de cartón”.

Quizás el hechizo más mundano y tentador sea el que plantean los de Vudú: “La llevé a la cama sin decirle nada. Una brujería de amor”. Pero la más sublime, hermética e iniciática letra sobre el tema ha sido “Stairway to heaven” de Led Zeppelin, los creadores del heavy metal: “Hay una dama que está segura de que todo lo que brilla es oro. Y ella compra una escalera al cielo.Cuándo llega allí sabe que las tiendas se cierran.Con una palabra puede obtener lo que vino a hacer”.
 

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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