Publicado el 09/11/2018 - 07:00 Hs.

Los Guns N’ Roses y la “Democracia China”

Se cumplen diez años de “Chinese Democracy”, el disco que más tiempo tardó en grabarse, por motivos diversos, en toda la historia del rock mundial.

Afinales de los ’80, de la reunión entre Hollywood Rose y L. A. Guns, surge Guns N’ Roses, plataforma y tribuna de William Bailey (luego Axl Rose), poeta, apologista de la droga y filósofo nihilista del rock. Tras su consagración comercial, a partir de sus inspiradas creaciones, y de incomparables ejecuciones de Slash, y por la investigación de los más recurrentes existenciarios, pudo verse el regreso del rock callejero y obsceno que los jóvenes inconformistas esperaban, con tenebrosas declaraciones de amor, y que bajo la apariencia de un frenético festival salvaje se revelaba lentamente la profundidad de un mensaje intencionalmente superficial, descreído de trascendencia y absolutos, privados de toda esperanza para siempre, con crudas descripciones de la vida urbana, reflejando todas sus miserias. 

Volver a recorrer las calles neoyorkinas, escenarios reiterados de sus más exitosos shows, hace recordar esta excentricidad discográfica. Ya pasaron exactamente diez años. Corrían finales del 2008 y recién estaba disponible el disco más esperado y demorado de la historia del rock. Aquel que por la permanente insatisfacción e inseguridad de Axl Rose debió aguardarse catorce años de producción, con más de una década de silencio de toda la banda, y que esa misma espera se convirtiera en una de las leyendas contemporáneas de la mitología rockera universal. Era “Chinese Democracy”, el aún hoy, en 2018, “álbum nuevo” de los Guns N’ Roses, probablemente la última megabanda que tuvo el rock, que para algunos fuera una auténtica genialidad, y para otros, meros copiadores de Led Zeppelin y Aerosmith, y que, con condescendencia, se aceptaba versionaran a Dylan o McCartney. Y que para los especialistas marcaron el comienzo concreto de tomar seriamente abordar al rock como un universo de contracultura y rebeldía, de denuncia social y de confrontación con el sistema, como un “objeto cultural” pasible de una minuciosa interpretación filosófica.

“Chinese Democracy” ya no tenía la clásica formación basada en ese incomparable dúo que fueran la cautivante voz y el seductor juego escénico de Axl Rose, y esa guitarra que hablaba bajo la púa de Slash. Para su grabación y edición final sólo quedó Rose, que para suplir al violero en algunos temas contó con hasta cinco guitarras simultáneas. 

Para algunos “Chinese Democracy” es el epílogo en la carrera de esta banda que debió haberse cambiado el nombre. Para otros, este mismo disco es como si fuera la magnífica tercera parte de “Use your illusion”, que apareciera a comienzos de los ’90, como última presentación con temas propios en estudio.

Este registro, en la misma línea filosófica que ha transitado Axl Rose, como pensador sartreano y escéptico, está vertebrado en torno a catorce canciones, y dura setenta minutos, en los cuales, si lo que se espera es redescubrir el viejo sonido Guns, no habrá más que desaliento y decepción. Eso ya no volverá, y por tanto, resta analizar qué es lo que permaneció y destacó. Por un lado, no es cierto que el tratamiento temático de las letras de Axl cambió, y si lo hizo, fue en un camino de evolución en la profundidad de su pensamiento para comprender de qué se trata este complejo tema de la existencia.

Algunas pocas palabras de cada uno de los temas de la lista. ”Chinese Democracy”, corte de apertura, arranca con toda la fuerza contenida de un hit que no hubiera desentonado en discos anteriores, y en su letra, la casi explícita crítica al régimen dictatorial chino.Siguen “Shackler’s revenge”; “Better”, casi una canción pop; “Street of dreams”, la primera balada estilo “November rain”; “If the world”, tema experimental, con excesiva fusión de ritmos. Prosigue “There was a time”, una marcha con un crescendo con la garra clásica de los Guns. “Catcher in the rye”, ambicioso, excesivo y totalmente prescindible. “Scraped”hace despertar nuevamente con Axl retomando su papel de gran vocalista del Hard Rock. “Ryad n’ the bedouins”, un clásico rockito que suena muy bien. “Irs” es un temita más. Y lo mismo pasa con “Madagascar”. “This I love” muestra una vez más a Rose tocando el piano, y seduciendo. Y “Prostitute”, de engañoso título, no es más que una irónica crítica autorreferencial a las circunstancias de la grabación. Pero el citado “This I love” es para escucharlo siempre.

“Sorry”, por lejos, es una de las mejores letras que aporta el rock en las últimas décadas, comparable a autores como Lennon, Dylan, Waters, Morrison o Cobain. En ella, Axl Rose, como si fuera Paul Watzlawick(el recordado autor del Constructivismo Radical),se despacha con un auténtico tratado sobre “Comunicación Humana”, donde metacomunica en qué momento cada uno pone los puntos en la relación que vive con el otro, y cómo ve cada uno dicho vínculo, en una puja por imponerse y someter, y ver quién se queda con las culpas. Es decir, en qué lugar nos detenemos a mirar nuestra propia escena, y observar quién tiene el poder y el control en la relación, que no siempre es la lucha por la dominación y el sometimiento, sino ver quién establece cuáles serán los roles, y quién define de qué se trata cada interacción, y puede imponer un mayor marco normativo, aunque la idea siempre sea un campo de mutua y bienhechora cooperación, forjado en un esquema relacional que incluye un abanico de posibilidades que tenemos mutuamente el uno para el otro, como si fuera un mandato fundacional, que se expresa en ciertas rutinas que no siempre se explicitan. Con Axl afirmando: “Te gusta lastimarme. Te gusta pensar de alguna manera que soy yo, y no vos. (Pero ambos sabemos que eso no es verdad). Y yo no actuaré de la manera en que vos pensás que debería”.

Hoy día, los Guns N’ Roses recompusieron su dúo principal, y volvieron a girar alrededor del mundo. Poco más de treinta años después ya no son los mismos. Pero su esencia rockera parece intacta. “Chinese Democracy” integra la setlistde sus presentaciones. Y es parte de su leyenda.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

(desde New York, EE. UU.)

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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