Publicado el 28/02/2020 - 07:00 Hs.

Los Objetos Culturales y el Rock, Parte 2

La Filosofía puede abordarse a través de diferentes ejes, comunes a todos. También a partir de los Objetos Culturales. Lo mismo sucede con el Rock.

Desde esta misma columna se ha expresado y fundamentado acerca de por qué y cómo en los contenidos conceptuales del rock puede hacerse una lectura filosófica. Recorrimos su historia de jóvenes setenta años, su probable origen en los bluseros negros del sur estadounidense, la aparición de sus primeros creadores, cómo dejó de definirse en términos de compases musicales para devenir en una cuestión de actitud contracultural, de confrontación y rebeldía, de resistencia y denuncia social, y cómo adquirió las características de ser portador de un mensaje y provocador de una militancia. Vimos también cómo fueron surgiendo figuras, creadores, pensadores de un fuste próximo a lo filosófico, buscando interpretar el mundo y su contexto, con la ilusión de cambiarlo. El rock, incluso, ya tiene el reconocimiento de su propio Premio Nobel con Bob Dylan.

Sabemos que para introducirnos a la Filosofía podemos hacerlo a través de cuatro ejes, que permiten ir entrelazándolos para acceder a una panorámica precisa y clara.

El primero, Secuencia Histórica, recorre todas las etapas conocidas y aceptadas de la filosofía occidental: la Presocrática, la Antigua, la Medieval (con sus períodos patrístico y escolástico), la del Renacimiento, la Moderna y la Contemporánea. El segundo eje, complementario del primero, es el de Autores, que destaca, por su originalidad e impronta, a aquellos pensadores que innovaron o revolucionaron cada época. El tercer eje es el de las Disciplinas Filosóficas. Si la filosofía es la reflexión sobre la vastedad de cuestiones que nos conmueven en tanto humanos, cada disciplina es un recorte con objeto propio en cuanto a materia para el análisis. Como la Lógica, la Metafísica, la Ética, la Estética, la Epistemología, la Antropología Filosófica, y todas las Filosofías aplicadas que se nos ocurran. Finalmente, en el marco de los cuatro ejes tradicionales, el cuarto, a su vez complementario del tercero, es el de las Problemáticas. Cuestiones de fondo en este particular universo. Centro de atención en todas las épocas desde que se registran estas cavilaciones. Ellas, que no son tantas pero sí definitorias, son (el orden es aleaorio): la Vida, la Muerte, la Felicidad, Dios, el Amor, la Libertad y el Tiempo.

A través de la Cronología, los Autores, las Disciplinas y las Problemáticas seguramente tendremos una visión amplia de la historia de la filosofía. Pero incompleta. En la actualidad, los Objetos Culturales sirven, como instrumentos, para acercarnos aún más.

Gilles Deleuze, en “Conversaciones”, sorprendía analizando diferentes expresiones populares, afirmando que un buen concierto de rock podría ser un adecuado canal para la transmisión de la cultura. En el universo filosófico, numerosos pensadores abordaron la compleja y contemporánea problemática de los objetos culturales desde perspectivas disímiles. Recordemos, entre otros, a Stanley Cavell, apelando al cine de divulgación; a Umberto Eco, recorriendo el comic y los massmedia; a Jacques Derrida, atendiendo al fenómeno televisivo; a John Passmore, interpretando los supuestos filosóficos de la Ecología. Para un enfoque tradicional de la filosofía en el que el conocimiento es sinónimo de poder, los citados objetos son elementos menores dentro de un espectro que rechaza todo aquello que escapa de un mundo restringido a individuos iniciados en rigurosas metodologías que suponen permiten interpretar adecuada y acabadamente la realidad.

Resumiendo, el objeto cultural es aquella producción intelectual que tiene resonancia social, que es de naturaleza simbólica, que ocupa un tiempo y un espacio, que es portadora de un mensaje, y que en ocasiones se convierte en el mensaje mismo. Este enunciado estaría incompleto si no agregara que es objeto portador de valor. Es decir, que es consecuencia de una elaboración racional. Que es reconocida y reconocible a través del tiempo, y que tiene una amplia repercusión en los sectores populares. Que su construcción demanda emplear numerosos signos y códigos, a veces superpuestos y de lecturas múltiples. Que es perceptible a partir de su consistencia material. Y que es un bien porque es valiosa en sentido positivo, ya que nos dignifica. Por tanto, no podríamos considerar bajo esta concepción a todo aquello que nos denigre. Este mundo constituido por objetos culturales nos es trasmitido por medio de la tradición, en sus numerosas vertientes, y de la educación, que es capaz de provocar la elaboración de otros objetos.

Dichos objetos pueden clasificarse por grupos. A efectos de esta exposición sólo tomaremos dos:

-Los medios de comunicación, incluyendo aquellos que en la actualidad posibiliten comunicar, sean gráficos, radiofónicos, televisivos o digitales.

-Las disciplinas artísticas en general, aunque aparecen como más pertinentes las que se presentan con una decodificación más simple, tales como la literatura, el cine, el teatro y aquellos textos que apelan al soporte de la música. El texto gráfico puede identificarse como el objeto cultural por excelencia. Se trata de un análisis que va más allá de considerar a los medios, sobre todo a los audiovisuales, como meros soportes culturales. Pero no podemos soslayar que Internet contribuye de modo superlativo a la instauración de modelos culturales globalizados. Siendo un medio en constante evolución, con una continua renovación de sus mensajes y de sus modos de emisión, nos obliga a una reflexión minuciosa, considerando posibilidades tales como la manipulación de la información, circunstancia indeseable y equiparable a lo que la pedagogía calificaba como “adoctrinamiento” cuando se transmitían conocimientos, conceptos e ideologías como verdades únicas e irrefutables, sin advertir que tal vez no fueran otra cosa que la creencia o la convicción de quien emitía tal mensaje. Esto, sin olvidarnos cómo se puede construir una realidad que no sea otra cosa que pura apariencia, a fin de resolver una necesidad circunstancial como puede ser la justificación de una guerra, si es que alguna pudiera justificarse.

Si aceptamos que los ejes de abordaje mencionados son aptos para introducirse adecuadamente en la filosofía, los mismos son los que pueden, por analogía, permitirnos adentrarnos en el particular pensamiento rockero, en el que puede advertirse una reconocible Cronología, en el que encontramos Autores destacados, en el que a modo de disciplinas filosóficas ubicaremos los distintos Subgéneros rockeros, y en el que, finalmente, aparecerán nítidamente que las preocupaciones y los grandes Temas de la Filosofía son exactamente los mismos que se perciben en el Rock.

Por Cronología, pensemos que tenemos la primera etapa, la del Pre Rock, la de los originarios bluseros negros. A continuación, la del rock and roll, desde 1954 hasta finales de esa década. La tercera etapa coincide con toda la paradigmática década del ’60. Y así, década por década, hasta llegar al presente, cada una con características propias.

Seguramente se podrá ir completando cada casillero de los Ejes de Abordaje con las bandas y autores de distintas preferencias. Es casi como reproducir las elecciones y definiciones ideológicas de cada ciudadano. Según con quién nos identifiquemos, allí estará nuestro posicionamiento filosófico. Porque de eso se trata el rock. De tomar partido por aquello que consideramos justo, bueno y valioso. Y todo ello se hace visible en el mensaje de sus canciones.

por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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