Publicado el 13/03/2020 - 07:00 Hs.

Ricardo Soulé, Apóstol del Rock

Ricardo Soulé, pionero del Rock Nacional, está cumpliendo 70 años. Mientras, sigue exhibiendo vigencia como autor e intérprete, tras liderar Vox Dei y LBA, y destacarse como solista.

Decían los Efesios que los apóstoles “tienen obras poderosas” y “predican el Evangelio de la Gracia”, y además “se dedican al ministerio de la Palabra y la oración”. Desde la perspectiva de ese universo cultural Ricardo Soulé cumple con ese rol en el rock nacional desde hace medio siglo.

Eran finales de los ’60, Los Gatos ya habían iniciado desde Rosario –sin saberlo- lo que sería conocido como el Rock Nacional, y en Buenos Aires se probaban ante los más jóvenes Manal con su blues urbano y Almendra con su psicodelia. Por entonces también un cuarteto quilmeño dejaba atrás el idioma inglés para dar forma a una banda que sería emblemática bajo el nombre de Vox Dei. La integraban Ricardo Soulé en guitarra, Willy Quiroga en bajo, el desaparecido Rubén Basoalto en batería y Yodi Godoy en guitarra rítmica. Los cuatro juntos editaron un solo disco: Caliente, con algunos de los hits que acompañarían al grupo durante décadas. Luego sobrevendría el disco conceptual La Biblia, con letra de Soulé y música de Soulé, Quiroga y Godoy.

Ricardo Soulé además lideró, en años recientes, La Bestia Emplumada, y construyó una elaborada carrera solista –entre España y nuestro país. El mismo Soulé que compusiera algunos temas que seguramente conformarán la definitiva antología de nuestra música cuando llegue la hora de seleccionar una docena de las mejores canciones, y que si hubiera vivido en Europa más tiempo del que estuvo seguramente hoy sería más famoso que Roger Waters y Pink Floyd. Como síntesis de su pensamiento, recordemos algunas de sus respuestas y definiciones a lo largo de los años.

-¿Cómo ves que hoy, el rock sea tomado como un texto filosófico, desarrollando existenciarios tan precisos, como la vida, el amor, el tiempo, la libertad, Dios, la felicidad o la guerra? 

-Lo veo como que fue una adaptación al medio. Yo, si hubiera nacido en otra época, solamente me hubiese dedicado a escribir cuentos u obras de teatro, o historias fantásticas. Pero la veta que tiene el rock de poder escribir algún texto con mensaje, musicalizándolo, y difundirlo inmediatamente, es muy seductor, y un recurso de comunicación incomparable. Yo no venía con la onda del rock, y de pronto me vi involucrado totalmente. En mi caso, es una coincidencia feliz.

-En el rock se habla de viejas prescripciones que aluden al paso del tiempo, pensando que no había futuro, y del sinsentido de la vida. ¿Cómo te ubicás en esa problemática? 

-La humanidad ha visto nacer y derrumbarse muchos imperios, ya sea de naciones como de músicos y compañías, y yo ahora lo veo, desde mi veteranía, con mucha tranquilidad. Cada día que pasa creo mucho más en Dios. Me planteo la ayuda de Él como la única salida. No pretendo dar una imagen apocalíptica. Quiero decir que ahora mismo todo es tan complejo y diverso, que hay que invocar a Dios para salir airoso.

-Alguna vez dijiste, apelando a Borges y a Sartre, que la obra de arte, independientemente del tiempo y de su ejecución -si es musical-, se mantiene inalterable.

Así es. La obra de arte tiene una vida imperecedera, independiente de lo que nosotros podamos hacer o decir. Es un ente viviente que desarrolla su camino, hace su trayectoria, y se independiza de su autor y sus intérpretes. Y puede llegar a sitios donde yo nunca pude llegar, y atravesar el tiempo mucho más allá del que atravesaremos nosotros. La vida de una obra de arte es infinitamente superior a la de cualquier hombre, como seguramente sucede con la versión de La Biblia según Vox Dei.

-Además de la permanente apelación al mensaje místico, te has ocupado de dos existenciarios filosóficos como la libertad y el tiempo…

Yo estoy significando un modelo de filosofía muy próximo a lo teológico, aderezado con ritmos populares, típicos de la época en que vivimos, lo que me aproxima aún más a Dios, un Dios cotidiano y actual, que se nos acerca y nos habla de igual a igual. Pero es verdad que también he desarrollado, desde mi perspectiva, la problemática de la libertad y el tiempo. El tiempo como una entelequia humana, que en realidad no existe, y que está más allá de toda comprobación material. Y que nosotros lo necesitamos como una especie de salvavidas en este océano causal en el que nos movemos. Y la libertad, como nos enseñaron, termina donde empieza la libertad del otro. Somos libres en la medida en que permitimos que los demás lo sean, mientras no nos perjudiquen. Y amando, tal como Dios ama a sus hijos. En “Dolmen” digo que “el tiempo es el teatro prodigioso de la vida nueva, que se asoma cada día, y se marcha…”

-El filósofo Gilles Deleuze afirmaba que un recital de rock bien podría ser la base para la transmisión de la cultura.

Totalmente de acuerdo. Sobre todo con aquellos músicos que tienen esa intención. Un concierto de rock es la transmisión de una cantidad de mensajes que la gente capta porque abre su corazón. Es como el momento en el que la flor abre sus pétalos, a la noche, para dejar escapar su maravilloso perfume. Es lo que hacemos nosotros los músicos, preparándonos durante el día para esperar esa noche en la que, puntualmente, ofrecemos la mejor fragancia de nuestro espíritu, disfrutándolo todos. El público desde su ubicación, y nosotros desde la nuestra, que no es menos privilegiada, observando a toda la gente emocionada y cantando. Es una bendición de Dios. 

Su último disco de estudio con temas nuevos fue “Vulgata”, octavo disco, entre solista y encabezando “La Bestia Emplumada”, que editara en 2015. Y es una adecuada muestra del pensamiento de Soulé. Vale revisarla. Es un tratado filosófico – teológico que se vertebra en varios capítulos épicos que abordan, con la misma problemática, diversos temas. Soulé siempre insistió con clasificar su repertorio en sacro y profano. Su título lo define. “Vulgata” denominaba a la primigenia traducción de la originaria Biblia hebrea (y griega) en su paso al latín, en el siglo IV D. C., realizada por Jerónimo de Estridón, por encargo de Dámaso I. Designaba aquello que se versiona con la intención de su divulgación.

En su arte de tapa y su libro interior, aparece Soulé en la porteña Parroquia de San Telmo portando la Cruz del apóstol Santiago, aquella que simulaba una espada (la misma que lo decapitara, tras su martirio), con sus brazos rematando en una flor de lis y conformando una heráldica en su empuñadura, típica de los caballeros que en las Cruzadas las clavaban en el suelo antes de orar. Pero también era símbolo de aquellos que actuaban en nombre del Cristo.

En varias ocasiones ha aludido a la epopeya del Mío Cid, las aves rapaces, y al profeta tesbita Elías. En “Vulgata” vuelve a suceder. Las Escrituras cuentan que Elías, enfrentado con el poderoso rey Acab, ante su injusticia, cumple con sus misiones divinas, y tras hacerlo, deja su manto (y su misión profética) a Eliseo, ascendiendo a los cielos en un carro de fuego. En “No estás solo” cuenta: “Escapando se fue de los que lo perseguían. Lo abrumaba la sed, y pensó que no habría salida. Solitario en su fe, pidió le quitara la vida. Pero agua del manantial brotó, y de la más cristalina. No estás solo. Créelo…”

Interrogado acerca de si no es contradictorio vincular rock con religión, Soulé responde que el cristianismo, en su origen, fue tan revolucionario y perseguido como el rock. Y que intentar mostrar un camino siempre fue igual de peligroso en todas las épocas, tanto para unos como para otros. Aunque Ricardo Soulé nos desmienta con su proverbial y asombrosa coherencia personal y su valentía para enfrentar los riesgos artísticos. Y nos haya anunciado, con sabiduría, que “todo tiene un tiempo bajo el sol”. Y que por ello, “creyendo en mañana, fracaso hoy”.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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