Publicado el 08/02/2019 - 08:03 Hs.

Rock, Existencialismo y una huída suicida

Las situaciones límite que pueden llevar al suicidio han sido abordadas, entre otras, tanto desde la filosofía como desde el rock.

De la experiencia más auténticamente humana del filosofar, Karl Jaspersafirmaba que en nuestra entrega al conocimiento del mundo y las dudas que nos provoca, nos olvidamos de nosotros mismos, hasta que nos damos cuenta de nuestra situación, en la que estamos siempre, que son cambiantes, que se suceden, que no cesan, y que algunas son modificables, pero otras, las por esencia permanentes, son inevitables: padecer, luchar, morir; que nos hunden en un estado crítico ante su conciencia. Estas situaciones límite son el origen más profundo y significativo de la Filosofía: las que negamos en actos, pensamientos o palabras, como si creyésemos que no nos vamos a morir nunca, hasta el inevitable darse cuenta. Ahí nos salvará creer en la inmortalidad del alma, o nos resignaremos al regreso a la nada, o nos conformaremos con vivir como mejor se pueda el período de existencia que nos tocó, o nadie nos rescatará de la desesperación. 

Ninguna corriente como el Existencialismose ocupó tanto, desde la filosofía, en reflexionar acerca de las ocasionales tendencias autodestructivas del ser humano, que a veces, culminan en el suicidio.Jean-Paul Sartre, convencido del sinsentido de la vida, desde su nihilismo decía: “Yo -flojo, lánguido, obsceno-, también yo estaba de más. Afortunadamente no lo sentía, más bien lo comprendía, pero me daba miedo sentirlo. Soñaba vagamente en suprimirme, para destruir una de esas existencias superfluas. Pero mi misma muerte hubiera estado de más. De más mi cadáver, mi sangre entre esas piedras en medio de un jardín sonriente. Y la carne carcomida hubiera estado de más en la tierra que la recibiese, y mis huesos, al fin limpios, todavía hubieran estado de más. ¡Yo estaba de más para toda la eternidad!” 

En “El mito de Sísifo”, el existencialista franco argelino, y ganador del Nobel de Literatura, Albert Camusanaliza a dicho mito como la metáfora del esfuerzo vano e incesante de las personas, planteando que el único problema filosófico serio es el suicidio, como salida (o no) cuando llega a percibirse nuestra insalvable insignificancia. Aunque apenas un efímero destello de felicidad puede salvarnos de la autoinmolación.

Maestros pensadores del rock abordaron el tema, como Jim Morrisonen “The end”, Bonocon “Un día sin mí”, y Bob Dylanen “La balada de Holly Brown”. Charly García, inspirado en Camus, nos dice qué nos puede pasar a las 3 de la madrugada de un viernes: “Te hace bien tanto como hace mal. Te hace odiar tanto como querer, y más… Y un sensual abandono vendrá. Y el fin. Y llevás el caño a tu sien, apretando bien las muelas. …los que no pueden más, se van”. Años después agregaría, en “Suicida” que “Todo el mundo sabe bien que no hay salida”. Luca Prodan, con “amo este mundo suicida” en su vida fue coherente hasta el final. Axl Roseconfesaba, mirándose a un espejo: “tenés un pasaje de ida para tu suicidio”. YSlash, en “Yo tampoco puedo”, trata al suicidio como única posibilidad de escape. “Una vez tuve un amigo que encontraron ahogado en su propio auto con los gases del motor encendido. Él tenía una nota justo a su lado: ‘Mamá y Papá, perdónenme por traer a vuestra puerta mi propio infierno.”. En “Tango suicida”, los de Extremodurocantan: “Morir, sin más, pues nadie me ha venido a despertar. No estás, me abrí, y nadie me ha venido a despedir”.

Vincent Van Gogh, el genial pintor incomprendido, suicidado a los 37 años, supo perturbar con sus obras a sus propios contemporáneos, que sólo vieron en él sus alucinados actos autodestructivos, propios de un delirante depresivo extremo. Antonin Artaud, el poeta maldito que escribiera “El suicidio, la locura y el arte”, se suicidó a los 51 ingiriendo una descomunal cantidad de pastillas. Ambos, eximios creadores de sus artes que no pudieron ver más allá de un acotado horizonte personal que no les auguraba ningún futuro. Ninguna salida. Ninguna posibilidad de un proyecto, despedazados a manos de una sociedad que no los contenía. Luis Spinetta, como modo de exorcizar su fragilidad, grabó el disco conceptual “Artaud”, enfocando en él su visión críptica sobre la autodestrucción. Jorge Fandermole, con “Era en abril”, en una historia ajena con un hijo naciendo muerto anuncia: “Estamos pensando, sería mejor, el marchar los tres a quedarnos dos”.

Quizás aunque Andrés Calamarocrea que “Si no se suicidaron ya, fue por cobardía”, el suicidio no es la salida, y la muerte es el marco que da sentido a la vida, porque, como afirmabaBorges, “la muerte, o su alusión, hace preciosos o patéticos a los hombres. Estos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso”. 

Martin Heidegger, para estos casos, hablaba de la “cura”, tendiente a resolver el vacío existencial, el sinsentido, el nihilismo radical, la herida original de la facticidad de estar arrojados al mundo, condicionando el proyecto de ser de cada uno. "Curarse" tiene como modos posibles descansar o admirar el paisaje de nuestra vida. Buscando curarse de algo tomando como señal la angustia que ese algo nos provoca. Pero de esa angustia terminal, para Gabriel Marcelen ocasiones sólo el amor puede salvarnos. Angustia que a veces coincide con descubrir que "yo no sé si mis zapatos durarán todo el camino", como cantaba Fito Cabrales, lo que tal vez le haya hecho decidir “Ya puse mi nombre en una bala” y creer que donde está “Es un buen lugar para caerse muerto”. 

Pero siempre puede quedar una salida. Tal vez sea cuestión de seguir buscando. Como el cuarteto chileno Los Tres, que con una visión esperanzada, insisten: “He encontrado cosas buenas para soportar. Y si dices que te vas, que no lo quieres intentar, entonces, abre la ventana, y tírate. Yo sé que no lo harás. Hoy cae el cielo sobre el mar...” 

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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