Publicado el 04/10/2019 - 07:00 Hs.

Rosario y el rock

Cada 7 de octubre Rosario celebra su día. Y a lo largo de la historia muchos rockers se acordaron de ella

Esta ciudad portuaria con fundación de fecha incierta, con historia ferroviaria propia y británica arquitectura fabril tan próxima a los puertos de Liverpool y Cardiff, con reconocible fraseo en el hablar de sus habitantes, con originales expresiones humorísticas, y una cultura popular que trascendió sus límites, cuando todavía sus jornadas no eran inseguras, en su entrañable geografía de mundialmente reconocibles escenografías, se gestó y fue creciendo, hasta consolidarse, una corriente marginal y generacional local, con impronta artística propia expresando su producción musical, inicialmente con letras en inglés, procedentes de un género que ya identificaba a los más jóvenes por sintetizar la contracultura y rebeldía que los mayores aún censuraban y reprimían. Hasta que un pionero como Litto Nebbia en los ‘60 transgredió los cánones instalados, componiendo las primeras y todavía ingenuas letras en nuestro idioma. Después sobrevendría la segunda ola, a comienzos de los ’80, conocida como la “trova rosarina”, con un éxito que vino de la mano del talento creativo y expresivo de sus representantes, pero también de la prohibición militar de entonces de difundir canciones en inglés.

Y Nebbia, fundador del rock argentino, desde su patria chica, liderando Los Gatos, con un fox-trot se acordaba de su ciudad, aunque no la nombrara explícitamente en, precisamente, “Mi ciudad”.

Otro rosarino representativo, Fito Páez, en su único disco plenamente de rock, y tal vez el más sincero, después de su peor tragedia personal, hizo catarsis describiendo a Rosario. Para decir en “Ciudad de pobres corazones” lo que pensaba por esos días luego de mucho de lo peor que le podía pasar: “En esta puta ciudad todo se incendia y se va. Matan a pobres corazones…” Quizás buscando apaciguar su propio espíritu, el mismo Páez, con “Tema de Piluso”logró reconciliarse con su infancia y adolescencia rosarinas: “Rosario siempre estuvo cerca”. Lo mismo en “Mariposa tecknicolor” con eso de “Los lunes grita gol por ‘La Capital’”. Y ya en su madurez, Fito puede ser visto, sin problemas, “Caminando por Rosario”, con esa letra simple: “Y en el Parque Independencia, y en Arroyito también, las muchachas, los muchachos, hoy se van a enloquecer. ¡Algunos van a ganar, algunos van a perder!” Y aunque cueste creerlo, con “Circo Beat” tristemente pareció anticiparse a lo que vendría: “Y Los Monos están devastando este lugar…”

Los de Vudú escribieron y cantaron la letra que mejor describe un par de barrios rosarinos. Uno, el viejo y tradicional Refinería, el de los conventillos y una destartalada mafia, el de la desaparecida Maltería Safac que diera paso al hoy Puerto Norte, con una letra que también habla de un bar que ya no está, conocido como pocos: “El Mesón”, tan frecuentado por obreros, vecinos y alumnos del cercano Colegio Boneo. Y la vieja estación de Sunchales. Y la antigua Seccional 8va. Y los tranvías. Y Ricchieri y Güemes, con ese mítico burdel del barrio de Pichincha por el que se cuenta pasaron desde Gardel a Borges, y hasta el por entonces príncipe de Gales (que luego sería rey de Inglaterra), y donde también Enrique Pichón Riviere les enseñaba modales a las putas. Y unos cuantos identificándose con eso que cantaban: “la llevé a la cama sin decirle nada”. Eran los tiempos del “Madame Safó”.

Seguramente Popono, desde Los Vándalos, a través de los años, sigue teniendo razón: “Rosario es el rock and roll”. Y si hay una canción emblemática que mejor pinta su aldea es “Tema de Rosario”, el clásico de Lalo de los Santos, que contaba: “Rosario es el Parque Independencia. Un silencio que huele a poesía sobre el rosedal. Es el gris del cemento que arrulla un río somnoliento. Que despierta al llegar un domingo de Newell's y Central”.

Tampoco faltó quien le escribiera, con nostalgia, al Paraná, como “Río marrón”, de Jorge Fandermole: “Si pudiera remontarte tiempo atrás, para ver la claridad en su semblante. Y no faltó un instante de ternura, río marrón”.

Pero también ilustres visitantes se han referido a esta ciudad. Para Adrián Otero, desde Memphis la Blusera, con “Blues de Rosario”, alude al tren, ese tren que hoy vuelve a estar, y que lo dejaba en la estación Rosario Norte, y era el vehículo imprescindible para regresar a Rosario, y encontrarse con ella.

Hasta cercanos extranjeros le escribieron, como “Adoquines en tu cielo, Rosario”, de Mezo Bigarrena, un vasco que fue inmortalizado por la versión del rosarino Juan Carlos Baglietto.

Con “Ciudad de Rosario”, Ricardo Iorio a través de Almafuerte muestra gratitud por sus días en este lugar del mundo: “La más amada por cuna del pabellón, bastión de patria, Provincia de Santa Fe. Ciudad de Rosario…” 


Finalmente, la nota evocativa y trágica de un reciente tiempo oscuro, de León Gieco para recordar a Pocho Lepratti con “El ángel de la bicicleta”: “Cambiamos ojos por cielo. Sus palabras tan dulces, tan claras, cambiamos por truenos. Sacamos cuerpo, pusimos alas, y ahora vemos una bicicleta alada que viaja por las esquinas del barrio, por calles, por las paredes de baños y cárceles. ¡Bajen las armas, que aquí solo hay pibes comiendo! Cambiamos fe por lágrimas. ¿Con qué libro se educó esta bestia, con saña y sin alma? Dejamos ir a un ángel y nos queda esta mierda, que nos mata sin importarle”.

Rosario, Cuna de la Bandera y también del rock nacional. Rosario, escenario y tema de muchos de sus mejores letristas, contando su historia. Y la vida.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

Escrito por: Ernesto Edwards

Comentarios

Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de sus autores.
Norte Bonaerense se reserva el derecho de administrarlos.

Publicado en