Publicado el 09/02/2019 - 08:09 Hs.

“ROTOS DE AMOR”: Master Class de Pepe Soriano

Decía Baltazar Gracián que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, y así puede calificarse a “Rotos de amor”, que en poco más de una hora y cuarto concreta un sólido y divertido entretenimiento teatral.

 

Decía Baltazar Gracián que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, y así puede calificarse a “Rotos de amor”, que en poco más de una hora y cuarto concreta un sólido y divertido entretenimiento teatral. Y una advertencia: no dejarse engañar por el rótulo de “comedia”. Es más que eso. Y verán qué rápido se puede pasar del drama a la tragedia, siempre en clave de humor.

En la Grecia clásica sus dramaturgos ya sabían que el teatro era una expresión catártica en la que el público, a través de sus ideas y mensajes, terminaba aprendiendo. Tal era su intención, entonces, independientemente del género teatral que se abordara. Resulta obvio agregar que para lograr ese fin se requería, además de un interesante texto, adecuada escenografía, contextualizador vestuario y una acertada dirección, buenos intérpretes que puedan encarnar su rol y ser lo suficientemente convincentes como para hacer olvidar por un rato que todo es una escenificación. Eso es lo que se consigue en “Rotos de amor”, del argentino Rafael Bruzo.

Párrafo aparte para lo actoral. El autor de este comentario tuvo el privilegio de ver, y en varias obras a cada uno, a los seguramente mejores actores y actrices de teatro, de diferentes generaciones, que ha dado el Río de la Plata el último medio siglo. Entre otros, Héctor Alterio, Alfredo Alcón, Norma Aleandro, Luis Brandoni, Marilina Ross, Miguel Ángel Solá, Julio Chávez, Diego Peretti, Rodrigo de la Serna. Y hasta correrse al Broadway neoyorkino sólo para verlo actuar a Al Pacino. Pero tenía la deuda interna de ver el despliegue histriónico del interminable Pepe Soriano (como el Mudo), que en setenta y seis minutos, a los 90 años, da una clase magistral de actuación. En el caso de “Rotos de amor”, muy bien acompañado por el gran Víctor Laplace (como Artemio), Osvaldo Laport (como Rodríguez) y Gustavo Garzón (como Berlanga), quien será el fiel amigo y traductor del Mudo. Y todo, para dar corporeidad a cuatro hombres que a cierta edad ya están de vuelta de todo en sus respectivas vidas, y que coinciden en que son visitadores médicos que se encuentran por motivos gremiales, primero, y luego por la necesidad de no estar solos, que fueron abandonados por sus mujeres. Claro que de modos diversos. Y cada uno tendrá su cuadro para lucirse y explicarlo. Porque esa es su estructura narrativa, que tendrá el esperado y conmovedor epílogo. Un cierre para recordar. Y que en tiempos de algunos feminismos fallidos aporta la novedad de mostrar que los hombres también sufren.

Es importante acotar que esta pieza, datada en 2004 y estrenada en su momento como “Club de caballeros”, hoy es casi un clásico de la escena nacional, y ha tenido numerosos y variados elencos locales a lo largo del país. Y este reparto que se presenta ahora en el Picadilly tampoco es el original. Sin embargo parece ser el mejor de todos. Sobre todo por la incorporación del magistral Pepe Soriano, luciéndose en el rol del Mudo, que no habla. Sólo murmura, gruñe, farfulla, a pura gestualidad. Y que ni el bandoneón le sonará. Pero que sobre el final dará una sorpresa que no conviene contar.

Plena de oportunos efectismos, la obra juega acertadamente con estereotipos, lo cual facilita acceder rápidamente a la trama. Lo paródico exhibe con claridad de qué se trata, aún en aquellos detalles que pueden resultar inconfesables para un hombre, como podrían serlo alguna tintura capilar, hacerse la manicura, algún estentóreo ronquido nocturno, la afición por las prostitutas o la compulsión por espiar a la ex en su nuevo vínculo sexual.

Humor entre la descarnada decadencia en clave tanguera de perdedores irredimibles, de patéticos fracasados, mostrando debilidades que se ocultan tras un traje. Y la creciente lejanía del amor para cuatro hombres grandes. Sobre todo cuando algunas ausencias ya no tienen remedio. Así es la obra.

En el siempre cómodo teatro Picadilly, a sala llena siendo jueves, a lo largo de toda su duración la pieza teatral entretiene, buscando risas y sonrisas. A la par de que conmueve. Y cómo. Y ya se sabe que sin emoción no hay catarsis. Y que con el saludo final, la algarabía del público y la salida de escena de los actores, cada espectador se irá de la sala reflexionando acerca de su propia existencia. De la vida, de la muerte, del amor, del desamor. Algo que provoca “Rotos de amor”. Merece verse.

Por Ernesto Edwards

FICHA TÉCNICA
Teatro Picadilly, Corrientes 1524, CABA, 2019
“ROTOS DE AMOR”
De Rafael Bruza
Dirigida por Andrés Bazzalo
Con Pepe Soriano, Víctor Laplace, Osvaldo Laport y Gustavo Garzón
Género: comedia dramática
Duración: 75’ - Calificación: Muy buena
 

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