Publicado el 22/05/2020 - 07:00 Hs.

Sandro y el Rock

Este 2020 se cumplieron 10 años de su desaparición y medio siglo de su presentación en el Madison Square Garden. Sandro tuvo estrecho vínculo con el mundo del rock, que siempre lo ha reconocido

Ya sabemos que Roberto Sánchez, tal su verdadero nombre, fue un muchacho de Valentín Alsina que había sido el autor de su propia leyenda, tan genial como fue en eso de manejar el marketing del misterio. Al punto de que, propio de una época dorada en que las súper estrellas tenían ciertos privilegios, se afirmaba con cierta insistencia que Sandro tenía un par de añitos más de los que se reconocía oficialmente, con documento adulterado incluido. Algo incomprobable y que seguramente negarán sus biógrafos. Y que además carece de importancia hoy día, al punto de que no le agregaría ni quitaría nada a la espectacular carrera artística del cantante, pero que permitiría explicar algunos detalles vinculados al acceso a un éxito temprano, que muy pocos tienen en la vida, y que lo presentaban como un adolescente precoz. 

Colocar a Sandro en el origen del firmamento de nuestro rock nacional siempre ha generado resistencias de parte de un público que no conoce demasiado de qué se trata la historia del género, quizás por un detalle que no es menor: nunca fue compositor de este tipo de música y letras. Siempre fue un intérprete que quiso y supo versionar en nuestro idioma, con resultado dispar, resonantes éxitos procedentes del extranjero, especialmente de Estados Unidos y Gran Bretaña. Aún bastante antes de que a Litto Nebbia y a Moris se les ocurriera que el rock podía escribirse y cantarse en castellano.

Sus orígenes, lo sabemos todos, antes de la irrupción de Los Gatos, Manal, Almendra y Vox Dei, fue con una formación llamada Los de Fuego, cuando estaba fuertemente inspirado por el ídolo juvenil de entonces: Elvis Presley. No por nada, tiempo después reconocería haberse nutrido del rock y de que éste lo había salvado de pulsiones delictivas. Y si bien es cierto que atravesó diferentes etapas con grupos diversos, sería en 1961, con los citados Los de Fuego, con los que iniciaría su período propiamente rockero, algo que duraría hasta 1967, momento en que cambiaría de rumbo hacia lo melódico, haciéndose mundialmente famoso, ya también como compositor. En 1963 con su liderazgo se convertirían, definitivamente, en Sandro y Los de Fuego, cuando ya comenzaba a cultivar cierto aire de cuidado escándalo.


Producto de ello grabaría varios longplays como “Sandro y Los de Fuego” y “Al calor de Sandro y Los de Fuego”, ambos de 1965, “Alma y Fuego”, de 1966, y “Beat Latino”, de 1967. Tal la discografía que documenta su agitado paso por el rock and roll. El superclásico “Love Me Do”, y “Anochecer de un día agitado”, “El dinero no puede comprarme amor”, “Boleto para pasear”, “Perseguiré al sol”, “Hombre de ningún lugar”, todos de The Beatles. Y con “Hay mucha agitación”, “La casa del sol naciente”, “Música de Rock And Roll”, y “Soplando en el viento”, recorrería a los  más reconocidos de entonces, siempre en español. Horriblemente, digamos la verdad. Pero con todas las ganas.

Sandro, una vez abandonado el rock para reinventarse en el género melódico siempre se enfrentó con ciertos prejuicios que no le reconocían su pasado rockero, calificándolo de superficial y comercial, valoración que lo colocaba distante de un rock que buscaba sacar documento de identidad vinculado con la denuncia, la protesta y la rebeldía. Sin embargo, el tiempo, y los propios rockers, pusieron todo en su justo lugar.

Todo lo dicho, llevado al punto del explícito reconocimiento, como el hecho de haber grabado canciones con rokers consagrados. Con la siguiente curiosidad: en 1974 se formó una especie de fugaz supergrupo de rock nacional, llamado PorSuiGieco, formada por Raúl Porchetto, Charly García, Nito Mestre y León Gieco. Todos ellos, junto a María Rosa Yorio, sólo durarían unos pocos conciertos y grabarían un único disco, en 1975. El nombre “PorSuiGieco”, respondía justamente a Porchetto, Sui Generis y Gieco. Y sería, casualmente o no, con quienes grabaría Sandro, en momentos diferentes y por separado, una canción con cada uno. En el caso de Sui Generis sería con Charly García, junto a Pedro Aznar, para el álbum “Tango 4” (1991), registrando una gloriosa versión de los uruguayos Los Shakers. “Rompan todo”, en castellano, y con la voz sólo de Sandro: “¿Por qué no soltás, por qué no salís? Por qué me mentís así, así sin razón? Y si hay algo que hablar, dilo ya. No esperes más. No me dejes morir”. Inocencia en el pre-rock rioplatense.

Con Raúl Porchetto grabó “Bailando en la vereda”, que su autor ya había editado en solitario en 1986, para rockear: “Esta noche quiero cantar tu canción. Que todos sepan que me muero por vos. Que tengo ganas de gritar que nada ya podrá parar este amor. Este amor... Hoy yo me quedo bailando en la vereda. Dando vueltas, saltando hasta las estrellas. Acurrucándome al decir tu nombre. Como si fuese el primer nombre de amor, que amo”. Otra cancioncita de amor, en clave de rock.

Con León Gieco ya había grabado en 1989 “Mi amigo” (Quien pudiera enamorarla), para su álbum “Semillas del corazón”, versionando un clásico en el que Gieco es el vocalista y Sandro el encargado del recitado de la letra que escribiera el poeta gallego Álvaro Cunqueiro (“Se te escurre entre los dedos como miel en la colmena. ¡Ay, quién pudiera atraparla!”).

Pero la masividad en el reconocimiento del mundo rockero le llegaría en 1999 con el larga duración “Tributo a Sandro – Un disco de Rock”, en el que desfilaron grupos y solistas consagrados, nacionales e internacionales, como Divididos (“Tengo”), Cadillacs (“Porque yo te amo”), Los Caballeros de la Quema (“Rosa Rosa”), Bersuit (“Una Muchacha y una Guitarra”), Attaque 77 (“Dame el Fuego de tu Amor”), Érica García (“Quiero llenarme de ti”), Aterciopelados (”Penas”), Virus (“Atmósfera pesada”) y Molotov (“Mi amigo el Puma”), entre otros. Ya en un disco como solista, en el clásico “El Salmón”, Andrés Calamaro lo había versionado con el melancólico “Así”.

Finalmente, en 2018 Sony decide grabar un disco de Duetos, rescatando viejos registros de Sandro para unirlos a conocidos intérpretes de la actualidad, en un trabajo técnicamente impecable, pero que quizás a nivel artístico no tendría el resultado esperado. Desfilarían Abel Pintos, Franco De Vita, Carlos Vives, Chayanne, Alejandra Guzmán y Soledad Pastorutti, entre otros. Pero la nota relevante fue haber reunido, virtualmente, a Sandro con su ídolo, con el Rey del Rock. Con Elvis Presley, para hacer “Whole Lotta Shakin´Goin´On”, en un soñado dúo con Elvis, para darle cierre a la parábola del joven rockero que fuera alguna vez Sandro.

 

Quedan algunos interrogantes para otro momento. Uno principal es si cualquiera procedente de otros géneros puede cantar rock. No es lo mismo Mercedes Sosa que la Pastorutti. La primera entendía de qué se trataba el pulso del género. Para la segunda es sólo una pose y la ocasión para ponerse calzas y cuero. No cualquiera puede, o debería, cantar rock. Pero lo dejamos para otro debate. De lo que sí no hay dudas es de que Sandro fue un innegable pionero de lo que llegaría a convertirse en nuestro rock nacional.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

 

 

 

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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