Publicado el 06/03/2020 - 07:00 Hs.

Schopenhauer y el rock

La impronta filosófica de Schopenhauer tiene características que lo emparentan con un cierto sentido rockero de la vida. Será por ello que el rock también lo reconoce.

Arthur Schopenhauer (1788 – 1869) nació en Gdansk (hoy Polonia), y lo más destacado de su obra filosófica se desarrolló en su período en la Universidad de Berlín y su posterior retiro en Frankfurt. Considerado uno de los pensadores más brillantes de la filosofía occidental del s. 19, fue el exponente más resonante del pesimismo filosófico, suscribiendo a la idea de que nos encontramos en el peor de los mundos, donde el dolor es perpetuo y el destino consiste en desear lo que nunca obtendremos. Y también que el progreso de la naturaleza humana no es posible. 

Seguidor de Platón, Spinoza y Kant, abrevó en el budismo y el taoísmo, aún siendo ateo. Su texto clave “El mundo como voluntad y representación” sin embargo fue un fracaso editorial. Se dedicó entonces a la docencia universitaria, confrontando con Hegel (nada menos) al momento de su admisión en Berlín. Releyendo a Kant comprendió que mediante la introspección era posible acceder al conocimiento esencial del yo, al que identificó con un principio metafísico que definió como “voluntad”, que no se relaciona con su significado clásico de querer algo sino a una esencia metafísica que se verifica en el mundo sensible, y que dio origen a su célebre frase “el mundo es mi representación”, lo que puede llevar al ser humano al extremo del “deseo consciente”. Deseo que será siempre insatisfecho, lo que nos colocará inevitablemente frente al vacío existencial y su concomitante aburrimiento extremo. 

La preeminencia dada a la reproducción, y al sexo y al placer, lo emparentaron con Darwin y con Freud, a quienes precedió. No parece casual que para el Psicoanálisis el deseo remita a una acción, en contraposición al reposo, con la intención de reencontrar aquello que puede provocar una satisfacción que resuelva una necesidad. También estableció que la Ética no está para prescribir conductas morales sino para investigarlas e interpretarlas. Todo un acierto.

Alguna vez afirmó que “Si pudiéramos dar una explicación cierta y completa y acabada de la música, esto es si pudiéramos encerrarla en un concepto particular, ésta sería una explicación del mundo. Por lo tanto, la verdadera filosofía”. Seguramente no estaba pensando en lo que hoy conocemos como música rock, pero probablemente por las características de su filosofía Schopenhauer hubiera sido rockero. De aquellos que siendo nihilistas de pura cepa oscilan peligrosamente entre el metal y el punk.

El universo del rock ha tomado nota de la existencia y obra de Schopenhauer. Veamos algunas muestras de ello. Eran otras épocas, y Luis Alberto Spinetta, ya liderando Pescado Rabioso, parece abandonar por un momento la poética surrealista y lisérgica de filósofo místico tempranamente iniciado para decir, explícito y concreto, entre pasiones y deseos: “Me gusta ese tajo que ayer conocí. Ella me calienta, la quiero invitar a dormir”. Era el deseo carnal.

Massacre grabó “El deseo”, y entre rebeldías cantaban: “A esta edad es cuando comienzan a incomodarnos las horas. No vamos a la iglesia y están vencidas las drogas... Juramos no tripular más naves incendiadas,pero… Ningún invierno empieza hasta que no seas vos quien dé por apagado el sol... A esta edad es cuando comienzan a seducirnos las sombras. Una noche de tragedia y están vencidas las drogas... Ningún invierno empieza sin mantenemos vivo el deseo. Que es el premio mayor, el deseo...”

“Mi voluntad”, popularizada por Extremoduro, de la pluma de Robe Iniesta, un auténtico Nietszche extremeño, es toda una definición: “Porque te perdí de vista, detrás de tu pista. Y por si acaso, desaceleraré el paso para comprender primero lo que estoy buscando sin parar. Salgo por cambiar el ritmo. Fuera de mí mismo a ver qué pasa. Por fuera de esta carcasa. Me convierto en algo incierto. Cántaro o diablo, qué más da.Cántaro a la fuente, bienvenido. Me marcho y mi suerte maldigo. Yo quisiera estar siempre contigo. Me rompo en mitad del camino. Quiero ser como una mula. Terco, es mi más pura voluntad. Mi voluntad.

Die Ärzte, banda alemana de punk rock, originada en Berlín, muchas veces perseguida y censurada por el establishment, y que todavía sigue en actividad, con “Schopenhauer” homenajea, a su manera y con ironía, a la filosofía clásica, a algunos contemporáneos y a aquellos de lengua germánica: “Esta es una canción maravillosa, un poco sin cerebro, pero agradable. Una canción realmente mágica, puedes escucharla pero no puedes verla… Estamos cantando una bonita canción aquí, cien por ciento libre de edad. Ni una palabra de sexo o violencia, esos días se han ido. Ya no cantamos sobre cosas sucias. Te lo ruego, nunca haríamos eso en la vida… Y así es como reaccionamos: Schopenhauer, Hegel, Kant, Wittgenstein, Wittgenstein. Platón, Popper, Cicero. Jean-Paul Sartre, Jean-Paul Sartre. Heidegger, Sócrates, Nietzsche… Los 3 minutos han terminado, se está poniendo muy apretado…”

El estadounidense cantautor de noise rock Emperor X compone y graba “Schopenhauer en Berlín”, para decir: “Vimos el colapso de la metrópoli a la aldea. Es una señal del tiempo en que estamos. Que estamos pensando en la misma línea que él. Subió a la cima del puente, donde se levantó la bandera blanca en desafío. Oh, es una verdad, es una pérdida, es una victoria. Es un deslizamiento de tierra. Bueno, pagaste por mi vacuna contra la gripe. Soy inmune, pero mi corazón no. Y tengo frío. Bueno, parpadeamos como la carga de una batería. Parpadeando juntos… Pregunta abierta. La voluntad universal de sobrevivir. Con la población, mentiras catalíticas. Por favor, recuerde. Schopenhauer en Berlín no fue un crimen. El tenía ojos. Tenía ojos en su corazón derecho”.
 

En “Más que un deseo”, los de Las Pelotas se confiesan “Harto de mirar la realidad llegar, el mar se mueve en el fondo”. Y Silvina Garré le dedica todo un disco al tema: “El deseo”.

En “Wish you where here”, los de Pink Floyd cantan: “Cómo deseo, cómo deseo que estuvieras aquí. Somos sólo dos almas perdidas”. Pero tal vez ese encuentro no sea posible, ni la felicidad accesible. Es que quizás sea cierto eso que pensaba Schopenhauer. Que una fuerza cósmica nos arrastra hacia la nada.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

@FILOROCKER

 

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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