Publicado el 13/12/2020 - 07:19 Hs.

¿Se quedarán los países pobres sin vacuna el 2021?

El mundo lleva meses suspirando por un pinchazo. Las primeras vacunas contra la Covid-19 al fin están aquí, los gobiernos despliegan calendarios de inmunización y los ciudadanos vislumbran el retorno a la normalidad… No todos.

El virus no entiende de fronteras ni de bolsillo, pero el anhelado pinchazo desde luego que sí.

En paralelo a la carrera científica para lograr en tiempo récord una vacuna, la otra carrera, a golpe de talonario, ha sido de los gobiernos por asegurarse que las primeras dosis sean para ellos. Aun a costa de que los países pobres se queden sin.

Los fabricantes de las vacunas más prometedoras han vendido de forma anticipada 7.300 millones de dosis, según la Universidad de Duke en Carolina del Norte, que rastrea los contratos que se hacen públicos. Si todas acabasen funcionando, se podría vacunar a la mitad de la población mundial (la mayoría requieren dos dosis) en el 2021, si se repartiesen de modo equitativo. Todo indica que no será así.

Competencia por un recurso escaso

La gran carrera, a golpe de talonario, ha sido de los gobiernos por asegurarse las primeras dosis

Los países ricos (EE.UU., UE, Reino Unido, Canadá, Japón y Australia), con el 13% de la población mundial, han comprado el 52,7%. Frente a los 3.850 millones de dosis reservadas por los ricos, el Covax, el fondo de compra de vacunas impulsado por la OMS para garantizar el acceso de los países pobres, sólo ha podido cerrar contratos por 700 millones.

La brecha es enorme. Si Canadá ha reservado dosis suficientes para vacunar más de cinco veces a toda su población, el Reino Unido casi tres veces y la UE dos, los 67 países que sólo pueden recurrir al Covax apenas podrían proteger el 7%, lejos del objetivo de la OMS de inmunizar el 20% en los países pobres el año próximo.

Los gobiernos utilizan a la compra anticipada para incentivar el desarrollo de medicinas con poco atractivo comercial. En este caso, además, han financiado con dinero público la búsqueda de la vacuna, a cambio de asegurarse que, si había éxito, ellos estarían al principio de la cola. No sabían qué laboratorios iban a lograrlo, por lo que hicieron contratos con varios, incluso comprando más dosis de las necesarias.

Es un argumento que no convence a todos. Podían haber financiado la investigación a través del Covax para que todo el mundo se beneficiase, dice Stephen Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía Internacional, que pone un nombre a lo que hacen los ricos: acaparar. “Es legítimo que los gobiernos miren por sus ciudadanos, y de ningún modo decimos que los ricos no deberían vacunar, pero es una cuestión de proporción. ¿Es legítimo comprar tres veces las vacunas que necesitas? ¿Y esperar a vacunar al 80% de tu población antes de que otro pueda llegar al 5%?”.

Amnistía Internacional 

“Es legítimo que los gobiernos miren por su gente, pero ¿esperar a vacunar al 80% antes de que otro pueda llegar al 5%?”

Los países ricos incumplen sus obligaciones en materia de derechos humanos, sostiene. “No sólo no prestan ayuda, sino que con sus acciones perjudican el acceso de otros a las vacunas. Es a la vez injusto y miope, porque un país como el Reino Unido, o España, no estará seguro hasta que todo el mundo lo esté”, dice.

También ve cortoplacismo Adrián Alonso Ruiz, investigador del Centro de Salud Global del Graduate Institute de Ginebra. “Comprar vacunas solo para los tuyos es contraproducente –dice– Es no entender que si no hay acceso equitativo, las consecuencias serán globales, tanto a nivel sanitario como económico, porque el comercio internacional no se podrá abrir del todo”.

Alonso describe el escenario como un “nacionalismo de vacunas”. Porque no sólo los ricos han movido sus fichas. Hay países de ingresos medios que tienen capacidad de producción nacional o de realizar ensayos clínicos que lo han utilizado para negociar contratos con laboratorios occidentales, chinos o rusos. Tanto Rusia como China han comenzado ya a inmunizar a su población, pero el recuento de Duke no incluye las dosis que se reservan para uso interno, porque no son públicas. También son opacos los contratos de las vacunas chinas y rusas con otros países, y sus posibles contrapartidas.

Contra este nacionalismo se diseñó el Covax, que pretende no sólo surtir a los más pobres sino también a países con ingresos medios que sin embargo no pueden producir ni pagar las vacunas a precio de mercado, como Sudáfrica o Colombia. La idea es que negociando en bloque podrán obtener mejores precios.

Al Covax se han sumado 184 naciones (ni EE.UU. ni Rusia) y la UE está entre sus primeros donantes. La paradoja es evidente, apunta Alonso. “El Covax, financiado principalmente por países de ingresos altos, ha tenido que enfrentarse a la realidad de que esos mismos países a la vez le están quitando las vacunas a las que debería tener acceso prioritario”.

También Cockburn cree que los países ricos lo usan como coartada, “como si sus obligaciones se acabaran ahí”. En todo caso, el Covax es parte de la solución pero no toda, subraya el activista. La otra pata, fundamental, es aumentar la oferta. La plataforma Alianza Vacuna del Pueblo, que Amnistía integra junto a otras oenegés, pide a las farmacéuticas que compartan su tecnología y cedan la propiedad intelectual, de modo que más laboratorios puedan ponerse a fabricar vacunas. Una petición que ha unido a los países del sur en la Organización Mundial del Comercio, donde han topado con la negativa de los países ricos.

“El derecho a la salud pasa por encima de la propiedad intelectual, como demostramos en la lucha contra las patentes para el Sida. Pero es que, además, las farmacéuticas no perderán dinero si comparten su tecnología. Seguirán ganando. La mayor parte de la investigación ha sido financiada por gobiernos, no ha habido riesgo. Si la vacuna de AstraZeneca al final no lo consigue, cobrarán igualmente. Y si algunas farmacéuticas han dicho que no van a hacer dinero durante la pandemia es porque prevén que alguna forma de coronavirus va a permanecer y saben que tienen años por delante para ganar dinero”, argumenta Cockburn.

Escasez de oferta

Oenegés y países del sur piden que las farmacéuticas cedan sus patentes 

Los gobiernos deberían haber condicionado el dinero público para los laboratorios a un acceso equitativo a la vacuna, opina Alonso. ““Si no, la industria hace lo que quiere. Se pueden dar situaciones tan ilógicas como que alguien como yo, que puedo trabajar desde casa, reciba la vacuna antes que una persona que vive en un país de ingresos más bajos, que tiene más factores de riesgo y que la necesita mucho más”. También cree que no se ha exigido suficiente transparencia a las farmacéuticas. “Si hay dinero público, debes asegurarte que tienes acceso total a los ensayos clínicos, a los costes y a la fijación de precios. No está siendo así”.

Alonso llama a aprender del pasado y señala lo que ocurrió en los años noventa, cuando las patentes bloquearon el acceso de los países pobres a los retrovirales. “Han pasado treinta años y muchos países africanos siguen pagando las consecuencias sanitarias, pero también sociales y económicas, que tuvo esa falta de acceso a los medicamentos. Da un poco de miedo pensar que una falta de acceso a la vacuna pueda generar desigualdades tan importantes que tarden décadas en solucionarse”, reflexiona.

Gemma Saura

Fuente:lavanguardia.com

Comentarios

Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de sus autores.
Norte Bonaerense se reserva el derecho de administrarlos.

Publicado en

Localidad