Publicado el 17/01/2020 - 07:00 Hs.

Ushuaia y el rock

Pensar en Tierra del Fuego en general, y en Ushuaia en particular, remite a misterio, soledad y fin del mundo. Y a distinguir entre denotación y connotación. Porque el nombre de la ciudad más austral del mundo también connota rock.

La ciudad portuaria de Ushuaia (“bahía profunda”, en yagán), fundada en 1884, es la capital de Tierra del Fuego. Y aunque los chilenos le disputan el título, es la ciudad más austral del mundo, a poco más de mil kilómetros de nuestra Antártida, y es la única de Argentina sobre el océano Pacífico, mirando a las tres islas del canal de Beagle, que fueran escamoteadas en favor de Chile en una repudiable mediación papal decomienzos de los años 80.

La rodean los Andes fueguinos, y ese fondo de nieves eternas son la escenografía que dan marco a una postal incomparable. También bañada por ríos, arroyos y lagos, Ushuaia alberga sesenta mil habitantes permanentes, entre desigualdades sociales varias. En ciertas épocas del año sus calles se ven desbordadas de turistas y viajeros en pos de búsquedas diversas. Que no agotan su recorrido visitando el Museo del Presidio, la Casa Bebán o la Plaza Islas Malvinas, o tomando el tren del Fin del Mundo, o buscando la vista del mirador del Paseo Centenario, o caminando por su costanera. No. Hay búsquedas que son filosóficas, existenciales, que recalan en lugares de silencios y misterios, de soledades y distancias, de interrogantes e introspecciones. Todo eso es lo que ofrece Ushuaia. Y más.

Como no podía ser de otra manera, el rock también dio perspectiva a Ushuaia, que tiene sus propios grupos, a veces construyendo su propia identidad, y otras, tributando a bandas reconocidas. Poco más de treinta años atrás, en 1988, Virus grababa el metafórico “Tierra del Fuego”, último registro con su líder original Federico Moura, quien ya no participaría más debido a su grave enfermedad. Tan sólo los primeros días en el estudio, y fue su despedida. “Un amor inhabitado” y “Lanzo y escucho” fueron las dos únicas canciones en las que pudo hacer su aporte. Poco después de la mezcla final del álbum, casi un año después, Federico se convertía en una leyenda definitiva del rock nacional.

Poco antes, en 1985, “De Ushuaia a La Quiaca” será el proyecto grupal al que León Gieco le dará carnadura con un disco triple (luego cuádruple) que incluirá músicas y sonidos a lo largo de todo el país. Junto a Isabel Parra, a orillas del Beagle, grabó: "…y que se acaben los ruidos en la frontera. Por un puñado de tierra no quiero guerras". Todo dicho.

”Ushuaia”, la canción de Fito Páez incluida en el filme “El viaje” (1992), de Pino Solanas, dice así: “Ushuaia, sos mi amor del fin del mundo, que me vuelve moribundo con tu piel Tierra del Fuego. Ushuaia, quiero irme y me da miedo, quizá es porque te quiero, y no quiero abandonarte. Ushuaia, yo daré la vuelta al mundo, y a tu olor de mar profundo volveré porque te quiero. Ushuaia, yo seré tu vagabundo, por tu cuerpo y por tu mundo, que es la tierra de mi fuego”. Simple, pero intenso.

Pez, la psicodélica banda de rock progresivo del under porteño, de extensa trayectoria y numerosos discos editados, con inquietudes filosóficas desde sus textos, graba la instrumental “Ushuaia”, aportando desde su música rítmicas profundidades electrónicas. Y la armonía del que observa un horizonte que quiere asomar.

Alberto Conejero, el joven poeta y dramaturgo español, estrena en 2013 “Ushuaia”. Con música en clave de clásica de Iñaki Rubio componen el extenso soundtrack que acompañaría a la obra, creando climas y siempre sugiriendo amaneceres y ocasos, con el sol subiendo y cayendo entre la bruma.

Estas latitudes también han inspirado a reconocidos DJs de este lado del mundo, como Frane, que en su obra ”Tierra del Fuego”, con “Frío” llega a decir: “Eterno anochecer de invierno frío, que me mantiene despierto y vivo. Metido en lo mío, me crío como a su hijo y cobijo bajo su abrigo. Así respiro como la ciudad sin colectivos. Con los labios partidos así que llueve o truene no se suspende el partido… Es el frío. Con “F” de Francisco. Este cielo nublado llevó a cabo mi bautismo. Aunque no creo en Cristo visito a los santuarios de los próceres del ritmo. Pero no me persigno, tampoco me persigo. Cuando esas bocas flojas escupen contra los míos, con “F” de fueguino firmo Del Sur Estilo. Soltando versos caros como un perfume fino. Sonando clandestino como Manu Chao. Camuflado amputando el frío encapuchado. Está nublado el cielo lienzo en tonos azulados. En este negro eterno el sol es el más buscado. Por eso no me fío de los que andan alumbrando. Ellos quieren encerrarnos, tan cerrados en su mambo. Cortando el alambrando escapamos de sus manos. Por alguna manzana perdimos esos gusanos. Tanto frío que me quemo y me derrito por dentro como el Perito Moreno, y vuelvo luego a convertirme en hielo…”

También el chileno Rodrigo Laffertt tiene su propia “Tierra del Fuego”. Se destacan, además, “Ushuaia Memories” (Nash y Pepper), “Ushuaia” (Le Motif), “Ushuaia” (DoubKore) y “Stormy evening in Ushuaia” (Rain Sounds).

Por si algo faltaba, están los Ushuaia Boys, una banda de música House, que nada tiene que ver con nuestras tierras, pero que encontró en su nombre el sesgo exótico que los identifica. 

Como escribió el poeta, “Historias de navegantes bravíos para este amanecer tardío. Y un mar frío, en los confines mismos de un mundo que asoma, perdido…” Todo eso nos ofrece Ushuaia en cualquier brumoso clarear veraniego, cuando la noche escasea y se hace breve. Y quizás hasta provoque insomnio. Momento más que propicio para escuchar rock mientras alguien fantasea con ver los destellos de ese Faro del Fin del Mundo que imaginó Julio Verne.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

(desde Ushuaia)

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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